Note 7 — XX La junta en el Tribunal1
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—¿Qué sacamos nosotros de una semana de comedias que pide el teniente mayor? ¿Qué aprendemos con los reyes de Bohemia y Granada, que mandan cortar la cabeza á sus hijas ó las cargan en un cañón y luego el cañón se convierte en trono? Ni somos reyes, ni somos bárbaros, ni tenemos cañones, y si les imitásemos nos ahorcarían en Bagumbayan. ¿Qué son esas princesas que se mezclan en las batallas, reparten tajos y mandobles, pelean con príncipes y vagan solas por montes y valles, como seducidas del Tikbalang7? En nuestras costumbres amamos la dulzura y la ternura en la mujer y temeríamos estrechar unas manos de doncella, manchadas en sangre, aun cuando esa sangre fuese la de un moro ó gigante; entre nosotros menospreciamos y tenemos por vil al hombre que levanta la mano sobre una mujer, ya sea príncipe, alférez, ó rudo campesino. ¿No sería mil veces mejor que representásemos la pintura de nuestras propias costumbres, para corregir nuestros vicios y defectos y ensalzar las buenas cualidades?