Note 2 — XVIII Almas en pena
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Sisa sentía latir con violencia su corazón mientras subía las escaleras: no sabía qué iba á decir al padre para aplacar su enojo ni qué razones iba á darle para abogar por su hijo. Aquella mañana, con las primeras tintas de la aurora había bajado á la huerta para coger sus más hermosas legumbres, que colocó en un cesto entre hojas de plátano y flores. Fué á orillas del río á buscar pakô2, que sabía le gustaba al cura comer en ensalada. Vistióse sus mejores ropas, y con la cesta sobre la cabeza, sin despertar á su hijo, partió para el pueblo.