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Noli me tángere

Note 2 — XVII Basilio

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Vió una alcoba donde ardían dos velas. El cura, con el bejuco en la mano, escuchaba sombrío al sacristán mayor, que le hablaba en un extraño idioma, con gestos horribles. Crispín temblaba y volvía los ojos llorosos á todas partes como buscando á alguien ó un escondite. El cura se vuelve á él y le interpela irritado, y el bejuco silba. El niño corre á esconderse detrás del sacristán, pero éste le coge, le sujeta y le ofrece al furor del cura: el infeliz pugna, patalea, grita, se tira al suelo, rueda, se levanta, huye, resbala, cae y para los golpes con las manos, que, heridas, esconde vivamente aullando. ¡Basilio le ve retorcerse, golpear el suelo con la cabeza, ve y oye silbar el bejuco! Desesperado su hermanito se levanta; loco de dolor, se arroja sobre sus verdugos y muerde al cura en la mano. Este suelta un grito, deja caer el bejuco; el sacristán mayor coge un bastón, le da un golpe en la cabeza, y el niño cae aturdido; el cura, al verse herido, le patea, pero ya no se defiende, ya no grita: rueda por el suelo como una masa inerte y deja un húmedo rastro2...

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