Note 1 — XII Todos los Santos
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En medio de aquel vasto corral se levanta una grande cruz de madera sobre un pedestal de piedra. La tempestad ha doblado su INRI de hoja de lata, y la lluvia ha borrado las letras. Al pie de la cruz, como en el verdadero Gólgota, están en confuso montón calaveras y huesos, que el indiferente sepulturero arroja de las fosas que va vaciando. Allí esperarán probablemente, no la resurrección de los muertos, sino la llegada de los animales, que con sus líquidos les calienten y laven aquellas frías desnudeces.—En los alrededores recientes excavaciones se notan: acá el terreno está hundido, allá forma pequeña colina. Crecen en toda su lozanía el tarambulo y el pandakakî1: el primero para pinchar las piernas con sus espinosas bayas, y el segundo para añadir su olor al del cementerio por si éste no olía bastante. Sin embargo, matizan el suelo algunas florecitas, flores que, como aquellos cráneos, son ya únicamente conocidas de su Criador: la sonrisa de sus pétalos es pálida, y su perfume es el perfume de los sepulcros. La hierba y las trepadoras cubren los rincones, se encaraman por las paredes y nichos vistiendo y hermoseando la desnuda fealdad; á veces penetran por las hendiduras que hicieran temblores y terremotos, ocultando á las miradas los venerables vacíos de la tumba.