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Mitos, supersticiones y supervivencias populares de Bolivia

Note 2 — Capítulo I Factores primordiales

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Parece en efecto, que esta leyenda, no es sino una reproducción o mejor dicho una continuación desnaturalizada del mito runap mickjuyj de los kechuas, del que dice el Obispo Villagómez. «En varios Ayllos o tribus hay maestros a los que ahora dan nuestro nombre de «Capitán» y de las cuales cada uno tenía sus propios alumnos y soldados a los que anunciaba y señalaba una noche cualquiera a su antojo dara que se reunieran en un sitio dado [porque estas reuniones se celebraban de noche]. En seguida, el maestro acompañado de uno o dos de sus discípulos, se acerca en esa noche señalada a una casa que ya tiene determinada de antemano y dejando a los discípulos en la puerta, entra el sólo y desparrama en el suelo un polvo de huesos de muerto y de otros que no sé, preparado de antemano para el objeto, pronunciando a la vez palabras cabalísticas, y de esta manera adormece a todos los que se hallan en la casa al extremo de que los hombres y los animales ni se mueven ni los sienten. Y entonces se acerca a la persona que quiere matar, le hace una pequeña herida en la uña, en una parte cualquiera del cuerpo y en cuanto sale un poco de sangre se pone a chuparla cuanto puede. Por esto a estos brujos les llaman también chupadores de sangre. Una vez que han chupado la sangre se echan un poco en el hueco de la mano o en una vasija y la dan a probar a otros, volviendo al lugar de la reunión y ellos dicen que multiplica el demonio aquella sangre o se la convierte en carne (yo creo que las mezclan con otras carnes) y la cocinan en la reunión y se la comen; y sucede, en efecto, que la persona a quien se le ha chupado esa sangre se muera a los dos o tres días.»

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