Note 79 — DISCURSO
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marqués de Villena, salir (M S). El famoso don Enrique de Villena, tío de don Juan II, que “fué muy gran letrado y supo muy poco en lo que le cumplía”, que dice la Coronica de dicho Rey, por su mala maña y peor ventura en cuanto emprendió. El cual, por su “amor de las escrituras, no se deteniendo en las sciencias notables e católicas, dexóse correr a algunas viles o raeces artes de adevinar e interpretar sueños y esternudos y señales e otras cosas tales, que ni a príncipe real e menos a católico christiano convenian”, como dice Fernán Pérez de Guzmán en las Generaciones y semblanzas. Habiendo quemado fray Lope Barrientos, por orden del Rey, “algunos” de sus libros “e los otros quedaron en su poder”, tomaron su nombre los astrólogos, alquimistas y embaucadores, como símbolo y enseña, y la leyenda de mágico que aún en vida comenzó a formársele, creció más y más, hasta el punto de que “el teatro y la novela, como dice M. Pelayo (Antol., V, XXXVII), se apoderaron ávidamente de tales invenciones, y desde La Cueva de Salamanca, de Alarcón; Lo que quería ver el Marqués de Villena, de Rojas, y La Visita de los chistes, de Quevedo, hasta La Redoma encantada, de Hartzenbusch, y el ingenioso cuento de Bremón, La Hierba de fuego, don Enrique ha sido protagonista obligado de comedias de magia y narraciones fantásticas, y prosigue en su redoma hecho jigote y picadillo para renacer continuamente y servir de solaz a las futuras generaciones infantiles”. Forjóse el cuento y corrió por todas partes que don Enrique había ordenado que, muerto, le picasen e hiciesen jigote, encerrándolo en una redoma para volver a segunda vida.