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Los Sueños, Volume II

Note 48 — DISCURSO

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Mucho cuidado tuvo Dios dellas en el testamento viejo, y en el nuevo las encomendó mucho. Por san Pablo: “¡cómo el Señor cuida de los solos y mira lo humilde de lo alto!” “No quiero vuestros sábados y festividades, dijo por Isaías, y el rostro aparto de vuestros inciensos, cansado me tienen vuestros holocaustos, aborrezco vuestras calendas y solemnidades. Lavaos y estaos limpios, quitad lo malo de vuestros deseos, pues lo veo yo. Dejad de hacer mal, aprended a hacer bien, buscad a la justicia, socorred al oprimido, juzgad en su inocencia al huérfano, defended a la viuda”. Fué creciendo la oración de una obra buena en otra buena más acepta y por suma caridad puso el defender la viuda. Y está escrito con la providencia del Espíritu Santo decir: “Defended a la viuda”, porque, en siéndolo, no se puede defender, como hemos dicho, y todos la persiguen. Y es obra tan acepta a Dios ésta, que añade el Profeta consecutivamente, diciendo: “Y si lo hiciéredes, venid y argüídme”. Y conforme a esta licencia que da Dios de que le arguyan los que hicieren bien y se apartaren del mal y socorrieren al oprimido y miraren por el huérfano y defendieren la viuda, bien pudo Job argüír a Dios, libre de las calumnias que por argüír con él le pusieron sus enemigos, llamándole por ello atrevido e impío, que lo hiciese con esta del capítulo 31, donde dice: “¿Negué yo por ventura lo que me pedían los pobrecitos? ¿Hice aguardar los ojos de la viuda?”, que convienen con lo dicho, como quien dice: “Ella no puede, porque es muda, con palabras, sino con los ojos, poniendo delante su necesidad”. El rigor de la letra hebrea dice: “O consumí los ojos de la viuda”, que eso hace el que no se duele del que la mira para que la socorra, porque no tiene voz para pedirle. (Edición de Pamplona, 1631).

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