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Los Sueños, Volume I

Note 438 — DISCURSO

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Con motivo de esta quema bárbara, el bachiller de Cibdarreal escribió al autor de Las Trescientas: “No le bastó a don Enrique de Villena su saber para no morirse, ni tampoco le bastó ser tío del Rey para no ser llamado por encantador. Dos carretas son cargadas de los libros que dejó que al Rey le han traído; e porque diz que son mágicos e de artes non cumplideras de leer, el Rey mandó que a la posada de fray Lope de Barrientos fuesen llevados; e fray Lope, que más se cura de andar del Príncipe que de ser revisor de nigromancias, fizo quemar más de cien libros, que no los vió él más que el Rey de Marroecos, ni más los entiende que el Deán de Cidá Rodrigo; ca son muchos los que en este tiempo se fan dotos faciendo a otros insipientes e magos; e peor es que se fazan beatos faciendo a otros nigromantes”. (Epístola 66). Sabido es que las Cartas de Cibdarreal son apócrifas, pues se escribieron el siglo XVII. El mismo Barrientos, en su Tratado de las especies de adivinanza, dice al tratar del libro mágico del Angel Raziel: “Este libro es aquél que después de la muerte de don Enrique de Villena, tú, como rey christianissimo (era don Juan II), mandaste a mí, tu siervo et fechura, que lo quemasse a vuelta de otros muchos, lo cual yo puse en ejecución en presencia de algunos tus servidores, e puesto que aquéste fué et es de loar, pero por otro respecto en alguna manera es bueno de guardar los dichos libros, tanto que estuviessen en guarda e poder de buenas personas fiables”. La Crónica de D. Juan II dice: “Fr. Lope miró los libros e fizo quemar algunos e los otros quedaron en su poder”.

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