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La simulación en la lucha por la vida

Note 7 — Cap. IV.—Psicología de los simuladores

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Ramos Mejía ha estudiado particularmente Los Simuladores del talento, en un interesante libro de proyecciones políticas.

"Estos hombres mediocres e inútiles que son la expresión humana de aquella animalidad defensiva, tienen en su espíritu, como los paralíticos y los mudos en su cerebro, suplencias de extraordinaria aplicación, el don de espera del batracio oportunista, las transmutaciones de la forma, el uso del color, las actitudes, las complicadas comedias de todo lo que hiere el sentido alerta de sus enemigos. Todo ello no les sirve para agredir, sin embargo, porque la iniciativa es propiedad del talento como la fecundidad de la vida; pero se defienden con armas cuyo uso y mecanismo ignora aquél, porque es inocente y sin malicia frecuentemente...".

"Ciertas aptitudes dispersas que por una educación progresiva han llegado a un desarrollo considerable, establecen por el uso la corrección falaz de un funcionamiento complicado, alcanzando a constituir verdaderos aparatos mentales, que invitados al movimiento por cualquier remoto peligro, entran en acción con la regularidad de un mecanismo registrador. Tales aparatos están generalmente constituidos por grandes o pequeñas disposiciones para la simulación: aptitudes y actitudes, ambas combinadas, porque en el fondo no hay otra cosa que histrionismo desvergonzado".

"Tienen en el espíritu todos los elementos de la ilusión y un dispositivo teatral por medio del cual, combinando simples manchas, dan en el lienzo la sensación completa de cosas que a la distancia resultan acabadas; con la escoba sugieren la sensación de un hombre, con un diario una bandera, con el bastón un cetro y si el público tiene cierta disposición, que las precauciones y el interés de otros han suscitado, resultan: estigma de la gloria las erupciones, cicatrices los traumatismos y rastro de la vigilia estudiosa las ojeras libertinas de la mala noche...".

"En la esgrima de estas aptitudes de protección, el defensivo suele tener golpes de éxito que le equiparan al genio; porque llegar a la cumbre sin talento, ilustración, virtudes domésticas elementales, siquiera, es, sin duda, poseer un género singular de superioridad. ¿No lo tiene, acaso, el que por medio del silencio recamado con la falsa pedrería de los gestos, de los monosílabos y exclamaciones, mantiene por largo tiempo la sensación de su misteriosa existencia? Hay un arte, casi estoy por decir que es una ciencia, que enseña a vislumbrar los provechos del silencio y revela el secreto de sus usos, educando la perseverancia y el dominio tan útil sobre la fisonomía y los nervios. Poseerlo es una de las características más humanas de la protección. ¡Cuántas cosas no teje detrás de él la imaginación popular! Pero ¡ay! de él, el día en que el defensivo, a fuerza de tironeársela, pierde en un instante de desequilibrio la preciosa virginidad de la lengua, entregándose a un verdadero libertinaje verbal que le arranca violentamente de aquel olimpo prestigioso de la sombra...".

"No es menos defensiva, en muchos casos, la misma oratoria, cuando como ese silencio fructífero, se emplea para ocultar pobrezas mentales vergonzantes. Ese orador verboso, pero estéril, de todos tan conocido, es el tipo del defensivo superior, mezcla curiosa de tintorero astigmate, por la abundancia de colores chillones que maneja; de pirotécnico, por el ruido inútil que produce; de cómico, por el gesto abusivo, la pose sugerente, el ademán de atleta y de augur confundidos fraternalmente, con que sugiere la sensación de plenitud, en el vacío. Nadie, como él, más feliz, cuando despliega sus abundantes trapos de serpentina, dominando la atención de la simplicidad de espíritu, con aquella verbosidad venturosa que pone láminas a su inútil facundia. Es el espíritu más consumado de prestidigitación psicológica, el mentiroso emotivo por excelencia. Su charla no es jamás vehículo de ideas, o si a las veces existe alguna, lo que parece bien raro, es sólo en un estado tal de dilución, que no sería posible pescarla en aquel mar de papelillos multicolores. Algunos, más alados que otros, suelen en ocasiones suspenderse un poco más arriba de la tierra, porque con la maravillosa inflexión de la voz y algunas otras raras cualidades puramente externas, o encantan el oído o sorprenden la sensibilidad tocándola con mansedumbre. Por ese medio acaban por dominar el corrillo, desterrar el aburrimiento de la expectativa y conquistar el prestigio de la atención en los cerebros dóciles al engaño. Su habilidad protectiva, está principalmente en detenerse cuando ya asoma dentro de su incoercible verborragia la vaga silueta de aquel delicioso macaneador, cuyo espíritu, tan ingenuamente expansivo, vela siempre experto dentro del alma del orador. Hay que reconocer, con todo, que tiene la facultad de hacerse oir siempre en los más graves problemas, por la audacia en el abordaje, la felicidad envidiable en la cita y aquella rara habilidad con que pone al servicio de todas las inteligencias la chispeante vulgarización de las arduas cuestiones".

"Deben tener, y la tienen sin duda, una función prevista todos estos defensivos inferiores que en ocasiones flotan tan arriba, subsisten y se mantienen por raras virtudes de organización animal hasta por encima del talento excelso y de los verdaderos méritos. En tan complicada dinámica, ¿no habrá alguna ley de equilibrio que reclame su menudo concurso como en las trascendentales de la vida la tiene el gusano y el molusco, que transforman la naturaleza de los terrenos y alteran el curso de los ríos por simple acumulación? Ya que no pueden sacar de sí mismos la fuerza que necesitan, se injertan otra alma, suerte de autoplastia moral que les permite usar una postiza y hacer alarde de la abundancia falaz que transitoriamente los redime de su inferioridad...".

La tesis de este libro es paradojal; es necesario poseer talento verdadero para efectuar con éxito semejante simulación del talento.—Los Simuladores del talento, Buenos Aires, 1904. (Nota de la 3.ª ed.).

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