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La América, Tomo I

Note 35 — XV

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Podríamos citar muchos testimonios de la prensa de toda la América para manifestar que la opinión común es que hoy existen las mismas circunstancias y los mismos peligros que hicieron nacer en nuestro Continente la doctrina de su defensa y salvación; pero nos limitaremos á transcribir las palabras con que terminaba su Manifiesto en julio de 1864, al mismo tiempo que en los Congresos de Estados Unidos y de Chile se proclamaba la doctrina de Monroe, el general Barrios, presidente del Estado de San Salvador; palabras que tendrán actualidad ahora y en muchos años más.

“Que se tenga presente—decía—lo grave de la crisis por la que esta porción del mundo está pasando en las actuales circunstancias. Presa de una guerra civil tan colosal como sangrienta, esta nación de los Estados Unidos, que es la más poderosa, y que parecía ser destinada á proteger á otras repúblicas más jóvenes y menos fuertes; invadido Méjico, insultado y amenazado el Perú en su existencia misma, vendida alevosamente la república de Santo Domingo, la vieja Europa acechando todavía otros puntos por donde meterse á robarnos la independencia, que tanta sangre nos ha costado, la América tiene la necesidad y el deber de contar á sus amigos, y más especialmente á sus enemigos, sobre todo cuando estos enemigos son interiores.

“Que no olvide que sin un Santana, y sin un Almonte, ni los españoles estarían en Santo Domingo ni los franceses en Méjico. Importa mucho, pues, conocer cuáles son los hombres con que en estos momentos de crisis puede contar, y cuáles de los que debe desconfiar...”.

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