Note 127 — VI Ruinas de monumentos y ciudades pre-incáicas
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Varios historiadores y algunos otros autores hablan de la traslacion de esas piedras desde las canteras hasta Tiahuanaco. Cieza de León, en el cap. CV. de su «Crónica del Perú», dice que «esas piedras debían haber sido traídas de grandes distancias y con muchas dificultades;» sin especificar esas circunstancias.—El Licenciado Polo de Ondegardo, en la pág. 171 de sus «Relaciones de Antigüedades Peruanas,» afirma que «esas piedras se encontraban á distancia de cien leguas.» Alcides D'Orbigny, en el tom. III, cap. 1, pág. 346 de su Voyage á l'Amérique du Sud, infiere que «los grandes bloques antecíticos dispersos entre las ruinas y la orilla del lago Titicaca, demuestran el camino por el que fueron traídas como material de construcción de Tiahuanaco.»—Jorge Squier, en su obra Incidents, travels and explorations in the land of the Incas, participa de la misma opinión de D'Orbigny.—Juan Diego Tschudi, en la pág. 65 de su obra Raisen in Sud America, asienta que «esas piedras han sido extraídas del volcán Kaijappia y que fueron trasportadas por tierra por la vía de Zepita y el Desaguadero.»—Posteriormente, el señor Arturo Posnausky, en su interesante trabajo «Petrografía de Tiahuanaco,» publicado en el tom. V de la «Revista de la Sociedad Geográfica de la Paz», cree haber comprobado que esas piedras proceden efectivamente del volcán apagado Kaijappia, situado en el istmo de Yunguyo, á 1648 metros de elevación sobre el nivel del lago Titicaca, volcan cuyas cumbres están hoy cubiertas de nieve perpétua y que hacen muchos siglos formaban dos cráteres que arrojaban desde las entrañas de la tierra cenizas, lavas y grandes bloques antecíticos.» El señor Posnausky dice que en las cumbres de dicho volcán, cuyo cráter principal tiene un diámetro de trescientos metros, se ven aún las señales del trabajo plutónico que ejecutaron los antiguos Tiahuanaquenses para extraer dichas piedras; que hoy este cráter está convertido en una laguna profunda que recibe las aguas de las nieves derretidas de las alturas; que en dicho cráter se encuentra una boca-mina abandonada cuya entrada fué trabajada sólidamente, en ese tiempo, por esos mismos Tiahuanaquenses; y que ese cerro contiene casi todo el material de que se han servido éstos para sus construcciones ciclópeas. Después de ocuparse el señor Posnausky de la procedencia de esas piedras, describe la manerá como se han trasportado desde el volcán Kaijappia hasta Tiahuanaco, opinando que indudablemente, en aquella época, se estendía un brazo de agua en todo el trayecto que media entre el lago Titicaca y Tiahuanaco; que aún se encuentran en este último lugar el muelle y desembarcadero, y á cincuenta pasos de éste, las piedras desembarcadas que los constructores referidos comenzaron á labrar. Se han trasportado dichas piedras, según asevera el señor Posnausky, mediante grandes balsas de totora construídas con ochroma picatoria (palo de balsa) que se encuentra en los Yungus, necesitándose, para la construcción de ellas, más de tres mil kilos de ese palo ó sean setenta troncos de diez metros de largo y veinte de espesor. El trayecto de Kaijappia á Tiahuanaco, dice, es de cuarentaicinco kilómetros, que se pudo haber recorrido en veinticuatro horas. Cuanto á las moles de que hablan D'Orbigny y Squier, le parece al señor Posnausky, que procedían de balsas que naufragaron, hundiéndose con su pesada carga, «Las piedras desparramadas entre la orilla del lago y las minas, no son, en ningún caso, piedras cansadas, cual las califica Garcilaso, porque su peso es comparativamente muy pequeño para que fueran abandonadas por no tener como trasportarlas.»