Note 509 — Chapter XX
Reading edition
Diego.
No la ovejuela su pastor perdido,
Ni el leon que sus hijos le han quitado,
Balo quejosa, ni bramo ofendido,
Como yo por Rodrigo. Ay, hijo amado!
Voy abrazando sombras descompuesto
Entre la oscura noche que ha cerrado.
Díle la seña, y señaléle el puesto,
Donde acudiese, en sucediendo el caso.
Si me habrá sido inobediente en esto?
Pero no puede ser; mil penas paso!
Algun inconveniente le habrá hecho,
Mudando la opinion, torcer el paso.
Que helada sangre me rebienta el pecho!
Si es muerto, herido, ó preso? Ay, Cielo santo!
Y quantas cosas de pesar sospecho!
Que siento? es él? mas no meresco tanto.
Será que corresponden á mis males
Los ecos de mi voz y de mi llanto.
Pero entre aquellos secos pedregales
Vuelvo á oir el galope de un caballo.
De él se apea Rodrigo! hay dichas tales?
Sale Rodrigo.
Hijo?
Cid.
Padre?
Diego.
Es posible que me hallo
Entre tus brazos? Hijo, aliento tomo
Para en tus alabanzas empleallo.
Como tardaste tanto? pues de plomo
Te puso mi deseo; y pues veniste,
No he de cansarte pregando el como.
Bravamente probaste! bien lo hiciste!
Bien mis pasados brios imitaste!
Bien me pagaste el ser que me debiste!
Toca las blancas canas que me honraste,
Llega la tierna boca á la mexilla
Donde la mancha de mi honor quitaste!
Soberbia el alma á tu valor se humilla,
Como conservador de la nobleza,
Que ha honrado tantos Reyes en Castilla.
Mocedades del Cid, Primera Parte, Jorn. II.