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Historia del famoso predicador Fray Gerundio de Campazas, alias Zotes (1 de 2)

Note 10 — LIBRO PRIMERO.

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P. 3, l. 41. Hermanos laicos. Eran los frailes gente avisada y fecunda en materia de imaginar arbitrios de toda naturaleza. Obligados por razon del oficio á trasladarse de unos á otros lugares, ora para asistir á los capítulos generales ó provinciales de la órden, ora para llenar otros deberes de su sagrado ministerio, y no teniendo todos los pueblos posadas cómodas y económicas, ó conventos ó monasterios donde alojarse durante el tránsito, no les quedaba mas recurso que el ofrecido por las ventas, las que, sobre ser míseras y fementidas, hallábanse frecuentadas por comediantes, arrieros, mercaderes y otras gentes alegres, maleantes y no nada santas, y por ende no las mas abonadas para alternar con los ministros de la religion. Atentos á esto discurrieron, pues, la invencion de las cartas de hermandad. Eran estas uno como título que se concedia, por punto general, á las personas de mas acomodo y distincion, mediante el cual adquirian ciertos derechos, exenciones é inmunidades, tales como poder comer carnes en dia de vigilia, en virtud de privilegio concedido por el Pontífice; el goce y disfrute de determinadas y muy especiales indulgencias, amen de los sufragios, plegarias y oraciones de todos los individuos de la órden; y el derecho de alojar en los conventos de la misma, que en este hecho se convertian en casa de posada para los que tenian carta de hermandad. En cambio los hermanos venian obligados á dar manutencion y albergue á los frailes de la órden, durante el tiempo que, en cumplimiento del mandato de sus superiores, debian permanecer en sus casas. Familias habia que gozaban carta de hermandad de diferentes religiones, y por lo tanto no hay para qué decir que eran contados los dias en que carecian de huéspedes: de aquí que existiera en tales casas un aposento que se distinguia con el nombre de dormitorio de los frailes, en el cual, puesto en un marco ó simplemente pegado á la pared, veíase el título ó carta de hermandad.

A los hermanos de esta clase pertenecia el honrado labrador de Campazas, y de ella salian los Mayordomos ó Mayorales de que se habla en el texto, á quienes se confiaba todo lo inherente á la fiesta que anualmente se celebraba en el pueblo en obsequio del Santo patrono ó tutelar. El mayordomo corria ademas con el gasto que ocasionaba la misma, de la cual formaba parte integrante la misa solemne con música y sermon, que predicaba el fraile elegido por el mayoral, procesion, y gaudeamus ó sea comida no de vigilia, sino muy de antruejo. Si bien se mira, quien en el negocio, materialmente considerado, salia perdiendo, era el que tenia carta de hermandad, el hermano, el frater, y acaso semejante consideracion dió pié al expresivo proverbio catalan: «Tot ho paga ’l cul del frare», al cual corresponde el modismo castellano: «Yo soy el culo del fraile».

Por lo demas no deben confundirse tales hermanos laicos, con los hermanos legos de los conventos, que eran servidores domésticos de la comunidad, y desempeñaban en ella los oficios mecánicos, tales como hortelano, cocinero, refitolero, etc. A veces, ya en el convento adquirian la instruccion necesaria y entónces pronunciaban los votos y entraban á formar parte de la órden.

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