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Historia de la literatura y del arte dramático en España, tomo V

Note 37 — Front matter (continued 3)

Eduardo de Mier translation

Prueba no desfavorable de la crítica de este tiempo, nos ofrece El Heráclito y Demócrito de nuestro siglo, por Antonio López de Vega: Madrid, 1641. Algunos párrafos de este escrito nos dan una idea del espíritu y del tono de la misma crítica:

«El Cómico (comencemos por él) se confunde con el Trágico: i no siendo uno, ni otro, no solo alterna en una misma fábula el Coturno con el Zueco, mas aun al mismo tiempo dando su pié á cada uno, se los calça á entrambos juntos. Llora, i rie, en una misma ocasion. A un mismo punto (si se cotejan las personas con el lenguaje) es Patricio i es Plebeyo. Introduze lo jocoso muchas veces en el paso de suspension, que moviendo á risa, disminuye, i aun, desvanece el efecto, que era del intento. Hace sentir, obrar, i hablar los Reyes como los Infimos del pueblo: i los Infimos del pueblo tal vez como los Reyes. Riense de los rigores del Arte, diziendo los más agudos, que si es el caso y se traça á gusto de los oyentes (que es el fin que se pretende), viene á importar poco el mezclar las Especies, como si el escribir á rienda suelta del alvedrio, sin obligarse á ley alguna, siguiendo solo por Norte el capricho propio, mereciera alabança, y fuera obra de grande Ingenio; ó como si el mayor artificio no fuera agradable á todos, i se pudiera negar ser más artificioso seguir un argumento ingenioso i apaciblemente, dentro de un mismo genero, desde el principio hasta el fin, observando sus principales preceptos, sin deslizarle al distrito ageno. Comedias, Pretextatas, i Traveatas, tuvieron tambien los Romanos. Patricios se introducian en las primeras, i Nobles del orden Equestre en las segundas. Y si bien no tan aprobadas por los peritos como las Tabernarias i Atelanas: que no admitian otros personajes, que la gente comun una, i la más vil y baxa de la República la otra; bien vistas y bien oidas, al fin, de todos, porque cada una guardava constantemente sus particulares precetos, i congruencias. Dense, pues, oy, enhorabuena de la misma suerte en las nuestras tal vez las primeras partes á Personas ilustres, tal á Medianas, i tal á las Infimas (aunque esto último se usa menos) i demoslas á todas en quanto á esta calidad, por buenas. Pero siga cada Especie su rumbo particular, i ni se pase al de las otras, ni al de la Tragedia, en que ay mayor desproporcion. Guárdese asi, en la invencion del caso, como en el estilo, la propiedad conveniente á las personas introducidas. Sea festiva la Comedia; triste, i perturbada siempre la Tragedia. ¿Esto porque lo a de alterar ninguna Edad? No digo que se guarden con supersticion las antiguas reglas (que algo se a de permitir al gusto diverso del siglo diferente). No que se ponga cuydado en aquellas ancianas menudencias, cuya falta (segun el uso moderno a observado) ni ofende la buena disposicion, ni lo sustancial de la fábula; que no viene oy á importar que se altere el número de los Actos. No que el caso se finja sucedido en uno ó más dias. No que en una misma Scena concurran hablando más de quatro, por más que Horacio lo repugne. Ni la omision finalmente de los demas accidentes semejantes. Pero que cada Poema, en lo esencial, se escriva segun sus particulares leyes, distinto, i no confuso con el otro, ¿á que Ingenioso i á que cuerdo puede dexar de parecer bien? ¿Y que ofensa puede resultar asi al gusto del Indocto? ¿No será agradable el apretar las perturbaciones, i disponer la gravedad de una Tragedia, sin las indecencias, i enredos populares? Y quando por la delectacion se conceda en ella algo jocoso, ¿ofenderá que sea por Episodio, i no entre las personas principales destinadas á la conmiseracion, ni en las ocasiones della? ¿que su perturbacion no llegue á sangre ni á pena, que pide la compasion Tárgica? Si se puede, pues, acertando satisfacer á todos, ¿que razon tendrá por si el errar, sino el no saber?

»Esto así sumariamente, en quanto á la distincion de las formas, en que no quiero extenderme, por no parecer que me divierto á documentos Poéticos. En quanto á lo Prudencial, disposicion, i verosimilitud de cada una, ¿que costumbre moderna puede disculpar los monstruos, inverosimilitudes i desatinos, que cada dia nos hazen tragar los mas de nuestros Cómicos? ¿Puede ser en esto lícito el dispensar con el Arte? ¿Es muestra de Ingenio el fingir lo no contingente, ó el dezir lo que no conviene, solo por dar Novela apacible, i conforme al mal gusto de la multitud de los Ignorantes, que en nada desto reparan? Con esos ganan los Amantes de comer, i no con los pocos que ay Entendidos (responden ellos). ¿I quantas veces sucede el agradar á unos i otros con lo bueno? (les replico yo). ¿No lo vemos algunas? Luego cosa es posible. Procurad, pues, conseguir el aplauso de todos, con la buena razon, Mentecatos, i no con el desacierto. Fingid con novedad i verosimilitud. Disponed con suspension i claridad. I desatad sin violencia que quando así alguna vez os corresponda el buen suceso, será bien raro; i este por lo menos, es el camino de acertar las más. Pero quan pocos le siguen. I quantas veredas se hallan para errar. No hazen unos más, que ponernos en aquellas tablas, razonamientos i coloquios, ya desabridos, ó impertinentes, ya cortesanos, ó argentados, sin otra invencion, ni argumento considerable, desde la primera Scena, hasta la última. Forman otros la maraña de casos, i acidentes inverosímiles, pareciendoles, si se lo notamos, que satisfacen, con que al examen de la Naturaleza se hallen posibles: sin acabar de reconocer esta diferencia entre la imposibilidad i verosimilitud: ni queriendo persuadirse á que no todo lo posible es verosimil: teniendo lo primero tan anchos términos, quanto es lo que cabe en el poder de la Naturaleza, ó del Arte: i no siendo más lo segundo, que lo que de ordinario suele suceder: si no lo mismo individualmente, lo que parezca (digamoslo así) de aquella casta: bien que dispuesto, i sazonado de forma, que tenga allí lugar alguna novedad: allanandose así aquel dificil concurso de admiracion, i verosimilitud, cuya hermandad tanto encomiendan á los Poetas los Maestros del Arte. Otros se arriman á Historia grave, i en ella (como aquí es más necesaria la prudencia, que les falta) no solo pierden el decoro los Príncipes, publicando indignidades, que no eran para espuestas á los ojos del pueblo: mas tambien sin temor de Dios, ni respeto á lo venerable de las Crónicas, les levantan mil testimonios: alterandolas en lo principal del caso, que eligen (que es lo indisculpable en la Poética) muy satisfechos con la razoncilla, de que no se obliga la comedia á dezir verdades; como si aquella licencia del mentir se la uvieran dado sin límite; i no con preceto de que no pase en lo sagrado, de aquello, en que la Historia no habla, i pudo ser contingente; donde viene la ficcion á tener lugar, sin parecer que se miente, ó se contradize á lo escrito; i en lo profano, fuera de esto mismo, solo en los casos, i sucesos accesorios á los principales, ó en las circunstancias menos importantes destos, cuya alteracion no dexa ofendido lo esencial de su verdad ni violada la autoridad sustancial de la Historia; resultando destas limitaciones el no quedar la fabula inverisimil; pues lo será todas las vezes que hablando de sucesos escritos contradixere en lo principal (de que se tiene mas noticia, i mas memoria) á lo comunmente recibido. Disparan otros muchos más, que todos los referidos: i no es su comedia otra cosa, que una junta de impropiedades, indecencias, i pasos mal avenidos; pueril la invencion; confusa, ó vulgarísima la disposicion de la maraña; i su nudo, aun sin averle apretado, mas cortado, que suelto, como si fuera el Gordiano. ¿No son todos esos disparates, clara señal de que van sus Autores á ciegas, i se atreven á esta parte de la Poesía, fiados solo en la osadia de la ignorancia? Pues en el estilo, i en el artificio de los versos, os digo yo, que lo enmiendan. Pero en esto no ay que extrañar, que aviendo asentado, que no saben lo que escriben, ni viene á hazer novedad, el ver confundir los dos estilos, Trágico, i Cómico, de suerte, que jamas puede percibirse qual dellos siguen; ni admiracion tantos desatinos, tantas coplas sin alma, sin razon, i aun sin inteligencia, como allí se representan. Toda esta suficiencia, i buenas partes, vienen á hazer más ridículos los humos, que con ver aplaudir alguna comedia suya, adquiere un Cómico. Ya no tiene España ingenio, que se le iguale. Ya no ay necesidad de más estudio, ni de mas atencion, que la de escribir mas comedias, si es de los Noveles; i si es de los Veteranos, pasa á gloriarse de que es honra de su Patria. Habla con magisterio. No parece en las Farsas agenas; ó en la que haze digna de su presencia, procura mostrarse divertido. I si merece alabança, i le preguntan su voto, procura darsela tan escasa, i con tales demostraciones de superioridad, que mas parece querer mostrar, que la honra, que aprovarla. ¿No es todo esto Comedia, i mas entretenida que la que ellos componen? De mí os digo, que hallo abreviado, en su vista, i contemplacion, quanto se va á buscar á esos corrales, i que en un mismo sugeto se me ofrece, el Cómico, la Farsa, i el Representante. Mirad si se granjea algo en considerarlos á estas luzes. Bien es verdad, que entre tantos que infaman este Poema, con exercitarle sin mas caudal que ser abundantes versificadores, ay algunos, aunque bien raros, que con natural festivo, copioso, i cuerdo; con algun fundamento de estudios, i o con noticia del Arte; con esperiencia del Tablado, buelven por la honra de la Especie; i el dia que dan al Teatro Fábula suya, no solo corrigen el descrédito de la Clase (aun á pesar tal vez de algunas Serpientes racionales, que sembró el odio, ó la imbidia, por el patio; i despues les enmudeció, i enfrenó la rabia la fuerça de la razon) mas también nos restituyen el gusto que tenia estragado el idiotismo de los demas. Aunque, si bien se considera, así á los unos, como á los otros, solo de risa les quedamos deudores; á estos de la legítima de regocijo, i á aquellos de la bastarda del desprecio.»

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