Note *Véase el grabado que vá al frente de esta historia — CAPITULO IV.
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Tal fue el poderoso influjo que obró en la imaginacion de la nueva reina la inesperada muerte de su esposo, que muchos dias estaba fuera de sí, y encerrada en el aposento que á ella le parecia mas lóbrego y triste. Durante este enagenamiento, se habian hecho los funerales, y por consiguiente el cadáver del monarca sepultado en la cartuja de Miraflores. En cuanto esto llegó á su noticia, mandó se lo trajesen en una caja bien dispuesta y embetunada, porque no queria vivir lejos de él. Asi se practicó, y no permitia que nadie entrase, llevándose los dias y las noches contemplando los restos del ídolo de su amor.[*] Ninguna clase de ruegos la hacian desistir de alejarse del cadáver. En vano eran las amonestaciones del cardenal Cisneros; inútiles tambien las de las damas y principales personajes, advirtiéndole la necesidad de ocuparse de los negocios del reino. Cerróse por dentro de la habitacion y mandó hacer una ventanita para que por alli pudiesen mandarla algunos alimentos.