Note 68 — INTRODUCTION TO THE GALATEA.
Herman Oelsner translation
The supposition that Tirsi, in the Pastor de Fílida, was intended to represent Cervantes is noted by Navarrete (op. cit., p. 278), and on the authority of that biographer has been frequently repeated. It is right to say that Navarrete simply mentions the identification in passing, and that he is careful to throw all responsibility for it on Juan Antonio Mayáns who was the first to suggest the idea in the introduction to his reprint of the Pastor de Fílida (Valencia, 1792), pp. xxxvii, lxxvii, and lxxx. The theory has been disproved by Juan Antonio Pellicer (op. cit., p. cxxxiii.)
There can be no reasonable doubt that the Tirsi of the Pastor de Fílida is Francisco de Figueroa. It is absolutely certain that the Tirsi of the Galatea is Figueroa: for, in the Second Book, Cervantes places it beyond question by ascribing to Tirsi two sonnets and a canción by Figueroa. Cp. Poesías de Francisco de Figueroa, llamado el Divino (Madrid, 1804).
(a)
¡Ay de quan ricas esperanzas vengo Al deseo más pobre y encogido, Que jamas encerró pecho herido De llaga tan mortal, como yo tengo! Ya de mi fe, ya de mi amor tan luengo, Que Fili sabe bien quan firme ha sido, Ya del fiero dolor con que he vivido, Y en quien la vida á mi pesar sostengo; Otro más dulce galardon no quiero, Sino que Fili un poco alce los ojos A ver lo que mi rostro le figura: Que si le mira, y su color primero No muda, y aun quizá moja sus ojos, Bien serán más que piedra helada y dura. (p. 17)
(b)
La amarillez y la flaqueza mia, El comer poco y el dormir perdido, La falta quasi entera del sentido El débil paso, y la voz ronca y fría; La vista incierta, y el más largo día En suspiros y quejas repartido, Alguno pensará que haya nacido De la pasada trabajosa vía: Y sabe bien amor, que otro tormento Me tiene tal; y otra razón más grave Mi antigua gloria en tal dolor convierte: Amor solo lo sabe, y yo lo siento: Si Fili lo supiese: ¡o mi suave Tormento, o dolor dulce, o dulce muerte! (p. 15)
(c)
Sale la aurora de su fértil manto Rosas suaves esparciendo y flores, Pintando el cielo va de mil colores, Y la tierra otro tanto, Quando la dulce pastorcilla mía, Lumbre y gloria del día, No sin astucia y arte, De su dichoso albergue alegre parte. (pp. 45-46).