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El paraíso perdido

Note 133 — VIDA DE JUAN MILTON (continued 7)

Cayetano Rosell translation

No estará de más recorrer con Adán los diferentes puntos que el Arcángel le va indicando, hasta abarcar ambos hemisferios, el del Antiguo y el del Nuevo mundo, porque, a favor de algunas aclaraciones, se comprenderá mejor la especie de itinerario que sigue Milton. Empieza por la región más antigua, el Asia, «por su parte septentrional, Cambalu, residencia del Can, y capital del Catai, provincia de Tartaria; por Samarcanda, orillas del Oxo, la ciudad principal de la Tartaria Zagataya, cerca del río Oxis, trono de Temir, patria y corto del gran Tamorlán. Del norte, pasa al oriente y mediodía de la misma región, a Paquín o Pekín, residencia de los reyes de la China, capital de esta región, que era la de los antiguos Sinas, mencionados por Ptolomeo. De aquí pasa a Agra y Lahor, las dos ciudades más notables del imperio del gran Mogol; al Quersoneso Áureo, es decir a Malaca, el promontorio más meridional de las Indias orientales; a la Ecbatana de Persia, su capital primitiva, o Hispahan, que lo fue posteriormente; a la ciudad donde impera el zar ruso, el zar de Moscovia, Moscú, metrópoli que era de todas las Rusias; y donde ejerce su soberanía el Sultán de Bizancio, el gran señor de Constantinopla, antes llamada Bizancio, hija del Turquestán, porque de esta provincia de Tartaria procedían los turcos: puntos todos pertenecientes al Asia, como que formaban la parte más importante de sus territorios.

Trasládase después al África, y aparecen ante su vista el imperio de Nego, la Etiopía superior o tierra de Abisinia, sometida a un soberano, llamado en la lengua de aquel país Nego o rey, y por los europeos el preste Juan, hasta su puerto más distante, Ereco, Ercoco o Erquico en el mar Rojo, fronterizo por el nordeste del imperio de Abisinia, y los pequeños estados marítimos, los reinos menores de la costa meridional. Montbaza, Quiloa y Melinde, próximos todos al Zanguebar, dilatada región de la Etiopía inferior, al este del mar de la India, colonia de los portugueses, y Sofala, creída Ofir, otro reino y ciudad del mismo mar, que Purchas y otros equivocaron con Ofir, de donde Salomón sacaba el oro, hasta el reino del Congo, que era asimismo un reino de la Etiopía inferior, en la costa occidental, como otros se hallaban en la oriental, y Angola más hacia el sur, otro país al mediodía del Congo. Y desde aquí, desde el Níger, que divide la Nigricia en dos partes, al monte Atlas, en lo más occidental de África, a los reinos de Almanzor, es decir, a Fez y Sus, Marruecos, Argel y Tremecén, todos ellos de Berbería.

De África pasa a Europa, y al lugar donde Roma había de dominar al mundo; sobre la cual se detiene menos por ser más conocida.

Vio también en su imaginación —y no podía verla de otro modo, porque América estaba en la parte opuesta del globo—, la opulenta Méjico, en la América del norte, imperio de Moctezuma y conquista de Hernán Cortés, y Cuzco en el Perú, de la América meridional, espléndido trono de Atabalipa, a quien Pizarro arrebató su cetro, y la Guyana no despojada aún, que pertenecía también a la América del sur, y que todavía no había sido invadida ni conquistada, a cuya principal ciudad, llamada Manhoa, dieron los hijos de Gerión, es decir los españoles de Gerión, antiguo rey de España, el nombre de El Dorado o ciudad del oro, por la abundancia que allí había de este precioso metal.

Y así fue recorriendo Milton las cuatro partes del globo, descubiertas y por descubrir, entreteniéndose en una digresión que será más o menos oportuna, pero que indudablemente es un gran alarde de erudición, y no carece de poesía.

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