Note 18 — I El país conquistador.
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Un dato más interesante aún: La iglesia de San Juan del Hospital, en Valencia, conserva la tumba de una basilias bizantina, doña Constanza, fallecida en 1313 como religiosa de Santa Bárbara, después de haber llevado la más novelesca existencia. Era hija natural reconocida del emperador Federico II de Hohenstaufen y de la piamontesa Blanca Lancia, es decir hermana del famoso Manfredo de Sicilia á quien Dante encontró en su Purgatorio (Canto III) biondo e bello e di gentile aspetto, y del poético Enzio. Casada en 1244 con Juan Ducas III, llamado Vatacio, el gran enemigo de la iglesia romana y de los francos, vióse pronto suplantada en el corazón de su marido por una dama italiana, la Marchesina, que era á la vez su gobernanta, pues la princesa no contaba sino doce años mientras el emperador era ya quincuagenario. La italiana subyugóle de tal modo, que su séquito llegó á superar al de la soberana legítima, teniendo derecho hasta para calzarse de púrpura como una emperatriz. Muerto Vatacio, sucedióle Teodoro Lascaris, hijo de un primer matrimonio, sin que por ello mejorara la suerte de Constanza, pues éste nególe siempre el permiso que con reiteración pidiera para volver á su patria, conservándola como un rehén contra los latinos de Constantinopla, á pesar de las reiteraciones de Manfredo. El advenimiento de Miguel Paleólogo en 1260-61, la encontró joven de treinta y dos á treinta y tres años, y seguramente hermosa, pues el nuevo emperador enamoróse locamente de ella. Entraba en las pretensiones matrimoniales que éste manifestó desde luego, su parte de razón política; puesto que aquel casamiento, dando nuevamente á Constanza el trono bizantino, eliminaba á Manfredo, ya rey de Sicilia, de la liga latina formada para la reconquista de Constantinopla—echándole del lado griego. Pero el Paleólogo era casado, y su mujer, la basilias Teodora, madre de siete hijos, negábase obstinadamente al divorcio. El patriarca de Constantinopla púsose de su parte, amenazando al emperador con la excomunión. Decidido éste, entonces, á apartarse del objeto de su amor, canjeó á la desventurada princesa por el césar Stratigoponlos, prisionero de Manfredo, regresando aquélla á su tierra natal en 1263. Dos años, apenas, permaneció con su hermano, debiendo huir al cabo de este tiempo, ante la invasión del reino de Nápoles por Carlos de Anjou. Trofeo de los angevinos, como toda la familia de su hermano, fué quizá la única que no murió prisionera. En 1269 pasó á España con autorización de los vencedores, sin duda, siendo bien recibida por el infante don Pedro de Aragón, casado con una sobrina suya de su mismo nombre. Profesó en el monasterio de Santa Bárbara, en Valencia, donde vivió muchos años todavía.
Pido excusas al lector por la longitud de esta nota, en gracia del interés histórico que encierra.