Note 324 — TRANCO V
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Era el chapín—según Covarrubias—«calçado de las mugeres, con tres o quatro corchos: y algunas ay que llevan treze por dozena....» Dice Vélez con plata, porque acostumbraban poner a los chapines virillas de plata, tan anchas a las veces como indicó Tirso en el acto I de La Huerta de Juan Fernández:
«TOMASA. ...No gastara la mulata manto fino de Sevilla, ni cubriera la virilla el medio chapín, de plata....»
Y llegó a ser tan general lo de las virillas de plata, que los tenían con tal adorno hasta las cortesanas de medio pelo. Quevedo pinta con chapines de esta clase a una cortesana ociosa (Musa VI):
«A la jineta sentada sobre un bajo taburete, con su avantalillo blanco y su vestidillo verde, en valoncilla redonda y perlas con brazaletes, con apretador de vidro y rizas entrambas sienes, con herraduras de plata y faldellín de ribetes....»
Los chapines se ponían sobre los zapatos; pero, pues yendo las comediantas en sus jamugas, no los habían de llevar puestos, llevábanlos colgando de los respaldares, como dice el autor.