Note 555 — TRANCO IX
Reading edition
El señor Bonilla leyó del Tejo, como la edición príncipe; pero rectificó al pie de la página: «Por Tajo.» Y yo, releyendo el pasaje de Vélez y viendo asociado a lo del Tejo (que me traía a la memoria aquellos versos del preclaro poeta Camoens:
«Vejo o puro, suave e brando Tejo, Com as concavas barcas, que nadando Vão pondo em doce effeito seu desejo...,»)
lo de la estranjera voz de aquel Seraphin o Seraphina, me di a sospechar si en San Clemente habría habido, por el tiempo en que Vélez escribía su novela, o poco antes, alguna monja portuguesa, tan famosa por su buena voz como aquella otra monja de Santa Paula, también en Sevilla, de que habló Cervantes en La Española inglesa. Y esto pensado, acudí una vez más, como en otros casos, á la bondadosa voluntad de mi antiguo amigo y compañero de aulas don José María de Valdenebro, rogándole que hiciera en San Clemente la deseada investigación. Hecha está, y véase cuán acertada ha salido mi conjetura. En 30 de octubre de 1630, el doctor Alonso Jofre de Loaysa, visitador de monjas de aquella ciudad, estando a la reja del comulgatorio del convento de San Clemente el Real, exploró a doña Mariana, a doña Ana María Serafina y doña Isabel Bravo, de diez y nueve, diez y siete y quince años respectivamente, hijas de González Gómez Bravo y de Leonor Rodríguez, vecinos de Lisboa, antes de darles el hábito de novicias del dicho convento. Y dado en el mismo día, las tres hermanas profesaron en 16 de abril de 1632. La que nos interesa firmó en el acta de la profesión Ana Sarafina. Esta monja era, pues, el serafín, o Serafina, que había sido primero dulcísimo ruiseñor del Tejo. Y conviene añadir que al practicarse tal búsqueda, con el inmejorable resultado que acabamos de ver, las monjas de San Clemente, enteradas del objeto de ella, han manifestado que por referencia venida de unas en otras saben que hubo en su convento una cantora tan admirable, «que se llenaba la iglesia por oírla, y a más, el compás, cundiendo por toda la ciudad sus elogios».