Note 551 — TRANCO IX
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Templada sin sentillo es gentil encarecimiento, pues el oír templar un instrumento fué siempre cosa harto molesta, por lo cual don Guillén de Castro hizo decir a un rey en la jornada I de El Amor constante:
«Cante, pues, lo que cantare, muy melancólico sea, y no temple, porque es cosa que nunca esperarla pude....»
Este y otros fastidiosos preliminares del tañer y el cantar resumió Quiñones de Benavente en su Entremés de los Mariones:
«MARÍA. Músico, desabrigue la guitarra y haciéndola sonar como chicharra, sin templar, sin toser, sin escombrarse, ni aguardar a la súplica o al ruego, cante un romance, y pagaréle luego.»