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El Diablo Cojuelo

Note 200 — TRANCO III

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Roncando, como los ojos de aquella Mari Pérez de quien dijo Quevedo (Musa VI):

«Tus dos ojos, Mari Pérez, de puro dormidos, roncan, y duermen tanto, que sueñan que es gracia lo que es modorra.»

Cuanto a ojos, como a todo lo del mundo, cambian las modas, y por esto decía Calderón, en la jorn. II de Eco y Narciso:

«BATO. ...Vn tiempo que se dieron en usar ojos dormidos, no había hermosura despierta y todo era mirar bizco....»

Pero si Vélez aprendió en Quevedo lo de roncar los ojos, de puro dormidos, una poetisa, doña Catalina Clara, aprendió de Vélez lo de roncar hermosura, pues escribió, retratando a cierta dama:

«Sus ojos, que hermosura están roncando, dormidos saben más que otros velando, y dice en ellos cada niña airosa: Nigra sum, sed formosa.»

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