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El Diablo Cojuelo

Note 199 — TRANCO III

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El señor Bonilla sospecha que de riñón sea errata, por de piñón. No hay tal cosa: la boquita que llamaban de piñón era naturalmente pequeña, como aquella a que se refiere el Romancero general, fol. 253:

«Vna boca, chica era; que con vn piñón se mide, segura de que haya otra que assi enamore y cautiue»;

pero el texto se refiere a una boca achicada artificiosamente. Quien ve el riñón de un corderillo, ve una boca de esas frunciditas y amaricadas. Para persuadirse de que no hay la errata que sospechó Bonilla basta parar la atención en que a esta calle de espejos que pinta Vélez nadie iba a verse como era, sino a estudiar gestos; uno de ellos, el fruncimiento de labios. Quevedo, en El Entremetido y la Dueña y el Soplón, mencionó una de estas bocas estudiadamente fruncidas: «Y al punto, muy esparrancado de ojos, decía: «No hay sino dejar correr; Dios lo remedie, que tal y cual, lo del camino carretero: sí por sí, no por no»; y al decir «ello dirá», ponía una boquita escarolada, como le dé Dios la salud.»

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