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El Diablo Cojuelo

Note 222 — TRANCO III

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El gramático pedante y engreído, para quien no hay en el mundo cosa que valga dos maravedís sino sus gramatiquerías, fué siempre odiado por los escritores. El señor Bonilla recuerda lo que contra ellos dijo el doctor Suárez de Figueroa en su Plaza universal de todas ciencias y artes (1615). Y antes que Suárez, Barahona de Soto, en su Angélica, maltrató á los finchados gramaticones al incluírlos en la relación de aquellas gentes que Zenagrio, en la morada de Gleoricia, no se digna de mirar:

«Tanto del soez gramático arrogante que, porque punta y coma sus diciones y ordena lo de atrás para adelante, no estima los gravísimos varones....»

Yo dije a un consumado gramático, veinte años ha: «¿Qué hará usted con toda su gramática, si no tiene nada que decir que interese al público? Usted posee un admirable libro de cocina, cierto; pero, vacía la despensa, ¿de qué pueden servirle sus excelentes fórmulas culinarias?»

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