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Cristóbal Colón y el descubrimiento de América, Tomo 2

Note 130 — VIII.

Luis Navarro y Calvo translation

Itinerar. ad regiones sub equinoctiali plaga constitutas Alex. Geraldini Amerini Episcopi, civ. S. Dominici apud Indos occid. opus, antiquitates, ritus et religiones, populorum complectens, tunc primo edidit Onuphrius Geraldinus de Catenacciis auctoris abnepos. Romæ, 1631, pág. 120. El Obispo había sido amigo y protector de Colón, antes de tener éste la protección de la reina Isabel. (Cancellieri, Notizie di Crist. Colombo, 1809, pág. 65.) Poseemos de él una petición en estilo lapidario rarísima, dirigida al papa León X (Itiner., pág. 253), petición acompañada de muchos donativos que el cardenal Lorenzo Puccio debía ofrecer al Pontífice. Estos donativos eran ídolos (deos illarum gentium Hispaniolæ immanes, qui publice toti populo responsa reddebant), aves vivas (loros y un pavo, gallus, in quo opus naturæ mirabile apparet; quotiens enim ritu á natura indito illi avium generi, cum magna conjugum pompa, corpore undique erecto, hine inde ambit, varios toto capite colores, modo recidit, modo deponit). Imposible es describir más detalladamente el pavo; y la gallina alba que recibió León X al mismo tiempo era también sin duda una variedad de la misma ave. Como no es probable que Colón trajera pavos (Meleagris, Lin.) de la costa de Honduras á la Española; y la expedición de Hernández de Córdoba al cabo Catoche (Conex Catoche) y á Campeche (Quimpech), como la de Juan de Grijalva y del famoso piloto Alaminos á Cozumel y Yucatán, datan de 1517 y 1518, es de creer que los habitantes de las Antillas recibieron el ave de la América del Norte por las comunicaciones de los indios lucayos con la Florida. Las gallinæ pavonibus haud minores que los compañeros de Colón vieron en el tercer viaje, en la costa de Paria (Petrus Martir, De Insul. nuper inv., pág. 348), no eran pavos, porque no los había en la América Meridional, sino lo que los españoles llamaban pavas del monte (Penelope, Merr), que yo encontré en una región próxima á Paria, en las misiones de Caribe. Los modernos historiadores de la conquista de Méjico cometen el error de confundir estas aves con los pavos de Méjico y de los Estados Unidos. Al hablar Pedro Mártir del descubrimiento de Paria, nombra también los anseres, anatas et pavones sed non versicolores; y añade: A fæminibus parum discrepare mares (lib. IX, cap. CLXVIII. Véase también Itinerarium Portugallensium, 1508, cap. CIX, fol. 67).

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