Note 71 — VI.
Luis Navarro y Calvo translation
Al final de la carta repite el Almirante: «Torno á mi propósito de la tierra de Gracia y río y lago que allí fallé, é tan grande, que más se le puede llamar mar que lago, porque lago es lugar de agua y en seyendo grande se dice mar, como se dijo de la mar de Galilea y al mar Muerto, y digo que si no procede del Paraíso terrenal, que viene este río y procede de tierra infinita, pues (puesta) al Austro.» Este pasaje es el tantas veces citado en que Colón indica juiciosamente la relación que hay entre la masa de agua de un río y la longitud presumible de su curso. Siendo condicional el aserto (si no procede del Paraíso), no prueba en manera alguna, como se afirma con tanta frecuencia, que el Almirante, hasta su tercera expedición, cuando llegó á las bocas del Orinoco, no había descubierto la tierra firme. En la misma carta que contiene las ilusiones acerca de la situación del Paraíso, dice explícitamente Colón que ya en su segundo viaje, cuando tomó á Cuba por una prolongación de Asia, descubrió «por virtud divinal 333 leguas de tierra firme al fin de Oriente, y (la exageración es algo grande) 700 islas considerables». (Navarrete, t. I, página 243.) Encuentro en una carta de Anghiera, el amigo de Colón, falsamente fechada en la edición de Basilea de 1533 como escrita tertio nonas octobris, 1496, que desde la tercera expedición se creía el continente de Paria contiguo al continente de Cuba. «Pariam Cubæ contiguam et adherentem putant» (Epistolæ n. CLXIX). Á los compañeros de Colón, dice Anghiera, persuadieron en 1498 la extensión de las costas, el estado moral de los habitantes y la semejanza de animales con algunas especies de Europa, que la tierra de Paria era una tierra «Fuit magno nostris argumento terram eam esse continentem.» La importancia que Anghiera da á este resultado parece indicar que él mismo, á pesar de los juramentos que Colón hizo prestar á los tripulantes de sus barcos, no estaba muy persuadido de que fuese Cuba un continente, y de que en el ánimo de aquellos que no hacían descender el Orinoco del sitio elevado del Paraíso, sólo el tercer viaje del Almirante fijó con certidumbre el descubrimiento de la tierra firme.