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Cristóbal Colón y el descubrimiento de América, Tomo 2

Note 80 — VI.

Luis Navarro y Calvo translation

Ora maritima, V. 165-171. Ya relacioné antes, al tratar del mito de la Atlántida, como reflejo de la Lyctonia mediterránea, el pasaje de Avieno y un fragmento de las Etiópicas de Marcelo, conservado en un escolio de Proclo, relativo á las siete islas del Mar exterior. Avieno dice:

... post pelagia est insula, Herbarum abundans atque Saturno sacra. Sed vis in illa tanta naturalis est, Ut si quis hanc innavigando accesserit, Mox excitetur propter insulam mare, Quatiatur ipsa, et omne subsiliat solum Alte intremiscens, cætero ad stagni vicem Pelago silente.

Casi sorprende que una isla cuyo suelo oscila sin cesar no esté dedicada á Neptuno, como también su tamaño de mil estadios que menciona Proclo; pero repito que en el pasaje de Avieno la localidad es muy vaga, y paréceme que lo dicho por él conduce por las islas Oestrymnienas ó Cassitérides y por Ophiusa, cerca de las costas septentrionales de Iberia (Uckert, Geogr. der Griechen, t. II, 2, pág. 477), hacia el Noroeste, al Mar Cronieco y hacia el gran continente Saturniano de Plutarco.

En cuanto al conocimiento que los antiguos tenían de las islas Afortunadas, haré notar aquí que los amnes Siluris piscibus abundantes de Plinio, Solino y Dicuil, se explican quizá por un hecho cuya primera noticia debo á un naturalista que ha habitado largo tiempo en la isla de Tenerife. Mr. Berthelot asegura que «desde tiempo inmemorial hay en Tenerife anguilas iguales á las de Europa; que le aseguraban las había también en las islas de Palma y de la Gran Canaria, y que se puede presumir su existencia en todo el archipiélago. En Tenerife abundan principalmente las anguilas en el barranco de Goyonxé, situado en la costa septentrional, y en el distrito de Tacoronte». Mr. Berthelot ha pescado gran número en este sitio, en unión de los monjes de Santo Domingo, y ha visto también muchas en los barrancos inmediatos al puerto de Santa Cruz de Tenerife. En el invierno, cuando las lluvias aumentan las aguas de los torrentes y éstos se abren impetuosamente cauces por el suelo, las anguilas disminuyen, y es probable que se refugien en quebraduras más profundas del terreno; pero durante el verano, cuando el lecho del torrente queda en seco, se las encuentra muy gruesas en los charcos de agua cenagosa que quedan en el fondo de los barrancos. Acaso estas anguilas han sido confundidas con los siluros. La existencia de peces en una isla completamente volcánica y muy árida es un fenómeno curiosísimo. Sabido es, además, que las anguilas pueden vivir largo tiempo en el fango y en la hierba húmeda, y que, según mis experimentos, inspiran y descomponen, fuera del agua, mucho aire atmosférico en estado elástico.

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