Note 21 — II.
Luis Navarro y Calvo translation
Según las observaciones magnéticas hechas en Pekín por M. Kovanko en la casa magnética que á ruego mío ha hecho construir el Emperador de Rusia en la capital de la China, la declinación era de nuevo en 1831 de 2° 3′ hacia el Oeste (Kupfer, en los Anales de Poggendorf, 1835, núm. 1, pág. 54). El padre Amiot, en los años de 1780-1782, veía ya oscilar la declinación magnética en Pekín de 2° á 4° ½ hacia el Oeste (Mémoires concernant les Chinois, vol. IX, pág. 2; vol. X, pág. 142); pero en un espacio de 670 años la línea sin declinación puede haber pasado muchas veces por Pekín. La propiedad directriz de la aguja imantada, es decir, la propiedad de colocarse en un plano que sólo forme determinado ángulo con el meridiano del sitio, fué conocida en China 1.100 años antes de Jesucristo. El historiador Szumathsian, cuyo Szuki, ó Memorias históricas, fué escrito en la primera mitad del siglo II de nuestra era, dice que el emperador Tchhingwang regaló en el año 1100 antes de nuestra Era, á los embajadores del Tonkín y de Cochinchina, que temían no encontrar su camino, cinco carros magnéticos (tchinankiu), carros que indican el Sur por medio del brazo móvil de una figurita cubierta con traje de plumas. Á estos carros se añadía un hodometro, es decir, otra figurilla que daba golpes en un tambor ó una campana cuando el carro había recorrido uno ó dos li. El célebre diccionario Chuenen, que terminó su autor Hiutchin en tiempo de la dinastía de los Han, año 121 de Jesucristo, describe la manera de recibir una aguja la propiedad de indicar la dirección del Sur por el imán. También conocían los chinos que el calor disminuye esta fuerza directriz. En tiempo de la dinastía de los Tsin, y por tanto en el siglo iii de nuestra era, gobernaban los chinos sus barcos con arreglo á las indicaciones magnéticas. En el Tchinlafungthuki, ó descripción del país de Cambodja, obra publicada recientemente en París, pero escrita en 1297 en el reinado del Khan Timur, las rutas ó direcciones de la navegación están siempre indicadas con arreglo á los rumbos de la brújula.
El uso de la aguja imantada lo introdujeron en Europa los árabes, como lo prueban las denominaciones de zohron y aphron (Sur y Norte), dadas en el Speculum naturale de Vicente de Beauvais á los dos polos del imán. (El Libro de las piedras, que los árabes atribuyeron á Aristóteles y cita Alberto el Grande «como prueba del uso del imán en la marina», es apócrifo y acaso de la misma época que el tratado árabe de las piedras de Teïfachi y Beilak Kiptchaki.) Los primeros que en Europa hablaron de la brújula, pero en el sentido de ser su uso conocido, como instrumento necesario á los marinos, fueron Guyot de Provins en un poema político satírico titulado La Biblia, compuesto en 1190, y el obispo de Ptolemaïs, Jacobo de Vitry, en su Descripción de Palestina, escrita entre 1204 y 1215.
La prueba que ha querido M. Hansteen deducir del Landnamebok para suponer que los noruegos usaron la brújula en el siglo XI, queda anulada por las investigaciones de M. Kämtz (Klapr., páginas 41, 45, 50, 66, 90 y 97).
Las obras del célebre mallorquín Raimundo Lulio (por ejemplo, su tratado De contemplatione, escrito en 1272, cap. CXXIX, § 19, y cap. CCXCI, § 17) y el texto de antiguas leyes españolas prueban que á mediados del siglo XIII los marinos catalanes y vascos usaban comunmente la brújula (Capmany, Cuestiones críticas, 1807, Cuestión 2.ª, pág. 38; y Comercio antiguo de Barcelona, t. III, páginas 72-74).
En el desarrollo progresivo de los conocimientos sobre el imán, preciso es distinguir: 1.º, la observación de los fenómenos simples de atracción ó de repulsión; 2.º, la dirección de una aguja móvil como efecto del magnetismo terrestre; 3.º, la variación ó la observación de la diferencia entre el meridiano magnético y el meridiano del sitio en que se opera; 4.º, el cambio de variación en diferentes sitios de la tierra; 5.º, los cambios de variación horaria; 6.º, la observación de la inclinación y de la intensidad magnética.