Note 248 — APÉNDICE PRIMERO.
Luis Navarro y Calvo translation
Presentaré como ejemplo la carta del duque de Medinaceli al Gran Cardenal de España, escrita cuatro días después de la vuelta de Cristóbal Colón de su primer viaje. Este Duque, el primero de su casa, Luis de la Cerda, se alaba (Marzo de 1493) de haber impedido á Cristóbal Colomo ofrecer su proyecto al Rey de Francia, y de haberle recomendado al tesorero Alonso de Quintanilla. (Navarrete, t. II, Doc. XIV.)
En los antiguos registros del Tesoro (libros de cuentas) para los años 1484, 1486, 1488 y 1492, encuéntrase, con ocasión de algunas pequeñas sumas pagadas al Almirante «á causa de algunos servicios prestados á Sus Altezas», unas veces Colon y otras Colomo, extrangero. Esta última forma del nombre se repite en la orden de 12 de Mayo de 1489, según la cual, el Almirante, en sus viajes á la corte, debe ser hospedado, pero no alimentado gratis (Navarrete, t. II, Doc. II y IV); como también en el título de la traducción que hizo Cozco, en Mayo de 1493, de la carta á Rafael Sánchez.
El historiador Oviedo prefirió más tarde (no tuvo el cargo de cronista hasta 1538) el nombre de Colom que es el que generalmente emplea.
Desde la redacción de las Capitulaciones (17 de Abril de 1492), que, por una coincidencia de apellidos bastante curiosa, fueron redactadas por Juan de Coloma, secretario del Rey, en los documentos oficiales figura siempre escrito Cristóbal Colon.
En latín se encuentra con más frecuencia, desde fines del siglo XV, Colonus que Columbus. Pedro Mártir habla de un tal Colonus (Epist. CXXX.) El papa Alejandro VI, en las Bulas de 3 y 4 de Mayo de 1493, emplea la expresión Christophorus Colon, sin flexión gramatical. El obispo Geraldini, en su carta en estilo lapidario, dirigida á León X, dice: Colonus Ligur æquinoctialis plagæ inventor. Encuentro Columbus en vez de Colonus en Bembo (Hist. Venet., 1551, fol. 83) y en el célebre Itinerarium Portugalensium é Lusitania in Indiam (ed. 1508, folio LII) que el P. Madrignani ha calcado de la Colección de viajes de Francazano de Montaboldo.
Yo he seguido la costumbre, bastante rara, pero generalmente adoptada en Francia, de escribir Colomb. Esta costumbre es antiquísima. El traductor de la Historia natural de Acosta, Roberto Regnaud, que dedicó su obra al rey Enrique IV, habla siempre de Cristóbal Colomb (ed. de 1606, pág. 38). Voltaire intentó introducir la forma más correcta de Colombo; pero esta innovación no tuvo éxito. Los ingleses y los alemanes escriben Colombus; sin embargo, la primera obra alemana en que se habló del descubrimiento de América, la obra rara de Jobst Ruchamer, Unbekanthe landte und ein neine Weldte in kurz verganger zeyhthe erfunden, ed. de Nuremberg, 1508, capítulo 84, que posee la Biblioteca Real de Berlín, y que el sabio Camus (Mem. sur les collect. de voyages des de Bry et de Thévenot, 1802, pág. 344) dice no haber podido encontrar en París, llama constantemente á Cristóbal Colón, en alemán, Cristoffel Dawber, es decir, Cristóbal Palomo. Es un modo de germanizar los nombres extranjeros, traduciéndolos á imitación de lo que se ha hecho largo tiempo latinizándolos ó helenizándolos. El mismo Ruchamer describe la expedición de Guerra y de Per (Pedro) Alonso Niño (Gómara, fol. 12; Herrera, Dec. I, lib. IV, cap. 5) á la costa de Coro y Cauchieta, atribuyéndola á Alonzus Schwarte (Ruchamer, cap. 109-111), que es otra traducción de un nombre, y de un nombre accidentalmente desfigurado. Ruchamer encontró en el Itinerarium Portugalensium (cap. 109): Petrus Alonsus dictus Niger, en vez de Petrus Alfonsus Nignus (Niño) como dice Pedro Mártir de Anghiera (Oceánica, Dec. I, libro VIII, pág. 87). La audacia con que uno de los más grandes nombres de la historia, el de Colón, ha sido disfrazado, llamándole Cristoffel Dawber, da á la antigua traducción alemana del Mondo Novo et paesi nuovamente retrovati de Montaboldo (Navarrete, t. III, pág. 187) un aspecto rarísimo.
Cambios análogos á los que el nombre del Almirante ha experimentado en Italia y en España, donde se encuentra escrito Colon, Colom y Colomo, se reproducen en otras familias que ninguna pretensión tienen de descender de Cogoleto ó del Castillo de Cuccaro. Los Colomb de Borgoña, que antes de la revocación del edicto de Nantes habían establecido allí grandes fábricas de vidrio, firmaban también Colon, Colom y Collon (Erman y Reclam, Hist. des refugiés français en Prusse, t. V, pág. 205.)