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Cristóbal Colón y el descubrimiento de América, Tomo 2

Note 237 — APÉNDICE PRIMERO.

Luis Navarro y Calvo translation

Este nombre es el diminutivo de becerro. El P. Charlevoix, jesuíta, no muy crédulo por cierto, coleccionó los cuentos que circulaban entre los conquistadores acerca de la astucia y la nobleza de carácter de Becerrillo, al cual llama constantemente, por error, Berezillo (Hist. de S. Domingo, t. I, pág. 281). Después de cuatro años de hazañas, el famoso perro fué muerto por los caribes en 1514, casi en el momento en que lograba librar de manos del enemigo á su amo, el valeroso Sancho de Arango (Herrera, Déc. I, lib. VII, cap. 13; lib. X, cap. 10). Es desgraciadamente ciertísimo que Cristóbal Colón había introducido la abominable costumbre de hacer combatir á los perros contra los indígenas. Tan pronto como se reunió con su hermano Bartolomé en Haïti, emprendieron juntos una expedición contra el rey Manicatex, en la cual llevó veinte perros corsos (Vida del Almirante, cap. 60). Empleaban también estos animales para destrozar á los llamados culpables (Petr. Mart. Ocean., Déc. III, lib. I, pág. 208).

Los pueblos de Europa renuevan siempre, en las guerras civiles, las crueldades de los tiempos más bárbaros. En la expedición francesa á Santo Domingo, en 1802, ocurrieron hechos como el de quemar negros prisioneros á fuego lento, en medio de una gran población, y el de valerse de perros de Cuba, que adquirieron triste celebridad por su empleo para la caza de hombres. Esta caza hasta ha sido defendida en el seno de una asamblea legislativa en Jamaica, con todo el lujo de una erudición filológica. (Véase mi Rélat. hist., t. III, páginas 453 y 457.)

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