Note 201 — IX.
Luis Navarro y Calvo translation
Dvipa (contraído en dip y div) es en sanscrito, según M. Bopp, hablando con propiedad, un compuesto posesivo, teniendo dos aguas, rodeado de agua por dos lados. Dvis pierde fácilmente la v, como lo prueba el adverbio numeral griego δὶς, en el cual el epiceno vau queda suprimido. En la explicación del nombre griego de Socotora (Dioscoridis Insula) fué donde Bochard procuró por primera vez, hace doscientos años, encontrar las palabras sanscritas Diu Socotra, impulsado quizá á ello por la palabra Iabadiu (isla de la Cebada) de Ptolomeo (VII, 2). No insistiré en la transformación de Diu Socotra en Dioscoridis Insula, conforme en rigor á la tendencia de los Helenos de formar mitos históricos por la alteración de nombres geográficos; pero cuéstame trabajo participar de la opinión de un sabio ilustre, cuyas opiniones causan generalmente profunda convicción en el ánimo del lector, de que Socotra sea una corrupción del apócope de Dioscórides. (Letronne, Materiaux pour l’histoire du Christianisme en Abyssinie, 1832, pág. 138.)
La isla de Socotora, habitada desde antiguos tiempos por colonos árabes é indios, era, no sólo por su posición á la entrada del mar Erythreo, importante para el comercio, sino también porque se la creía fértil en aloes, cuya especie, muy buscada en la antigüedad, se la llama aún en las farmacias Socotrina, adjetivo de Socotra, como se ve claramente en García, ab Horto Aromata, t. I, 2, pág. 14, ed. de 1567. «Insula Socotra (dice el geógrafo de la Nubia, pág. 23) nitida tellure, ferax arborum et pleraque ipsius germina sunt arbores aloës. Atque hæc aloë superat bonitate reliquas omnes, ut illam quæ colligitur in Hadhramut terræ Yemen.» Esta descripción recuerda la fábula árabe de que Aristóteles indujo á Alejandro á descubrir la isla de los Aloes, y el consejo de que, cuando el rey macedonio fuera personalmente á Socotora «telluris præstantia et aëris temperiem approbans», expulsara á los antiguos colonos y les reemplazara con griegos que cuidarían las plantaciones de aloes.
Creo que una isla que tanta celebridad gozó durante largo tiempo, muy bien podía merecer el nombre (sanscrito) de Sukhadhara, sitio de la felicidad ó isla felicísima, dvipa Sukhatara, que los Sres. Bopp y Bohlden reconocen casi sin ninguna alteración en Socotora. (Das alte Indien, t. II, pág. 139; Patt., Etym. Forsch. aus dem Gebiete der Indo German. Sprachen, 1833, pág. 80.) Al aloe, al jugo purgante, llámasele en sanscrito tarani. (Wilson, Lex., y Ainslie, Mat. med. Indica, t. I, pág. 10.) Creo encontrar esta palabra en el tarum de Plinio (XII, 20), sustancia aromática que se recibía por medio del comercio con los Nabatheos (García, ab Horto, lib. I, capítulo 16), sin haber conocido esta analogía con un nombre sanscrito, conjetura ya que el tarum de Plinio es la madera odorífica del aloes, el agallochon de Dioscórides, que el botánico de Anazarbe no confunde con ἀλόη. Mi sabio amigo M. Letronne recuerda que cerca de Suaken, en Abisinia, hay una montaña, Dyab, y ha hecho derivar este nombre como el de la isla Diabus y el de Dibus (probablemente la isla Dahlak), patria de Teófilo el Ariano, según Philostorgos, de una raíz árabe que significa oro (Christ. d’Abyssinie, pág. 139). Esta raíz es dseheb.