Note 74 — III.
Luis Navarro y Calvo translation
Es muy difícil clasificar, según sus épocas, los acontecimientos de la vida de Colón antes de que llegara á España. Con pocas excepciones, acepto el resultado de las investigaciones de Muñoz y de Navarrete. Fernando Colón, en la Vida del Almirante, cap. XIII, dice que el viaje á Thulé lo hizo en Febrero de 1477, citando una anotación de puño y letra de su padre; y Spotorno fija la fecha de una expedición á Túnez en 1478. (Códice diplomático Colombo-Americano, 1823, página XIII.) Si estos datos no son dudosos, porque Spotorno quiere también que el nacimiento de Cristóbal Colón fuera en 1447 en vez de 1436, los viajes á Thulé y á Tunez, como también los que hizo á la costa de Guinea, se habrían verificado después de la llegada del Almirante á Lisboa. Discutiremos en otro sitio la cuestión de si la isla que Colón llama Thyle ó Tile, cuyas costas meridionales se encuentran á 73 grados de latitud, y donde «tantos negociantes de Brístol llevan sus mercancías», puede ser la Islandia. No cito entre las aventuras de Colón la más extraordinaria, la que, fiando en la autoridad de Fernando Colón, repiten tantos biógrafos modernos, como si ignoraran las observaciones críticas del abate Ximénez y del historiógrafo D. Juan Bautista Muñoz. Preténdese que Colón, después de navegar largo tiempo con su pariente, el famoso corsario genovés llamado Colombo el Mozo, para no confundirle con su abuelo el Almirante que había vencido á los musulmanes, arrojóse al mar cuando el incendio de dos barcos sujetos con garfios de abordaje en un combate contra las galeras venecianas, verificado entre Lisboa y el Cabo de San Vicente. Fernando Colón dice que este suceso fué causa de que su padre fijase la residencia en Portugal, y que se refiere en la décima década del Tito Livio de su época, Marco Antonio Sabellico, bibliotecario de San Marcos. Pero Cristóbal Colón llegó á Lisboa en 1470, y Sabellico (Rhapsod. hist. en., dec. X, lib. 8; é Hist. ver. Venet., dec. IV, lib. 3) dice que el suceso ocurrió en 1485. (León Ximénez, Del Gnomone fiorentino, 1756, página XLVII; Muñoz, Intr., pág. VI.) Ahora bien: en 1485 encontrábase Colón hacía más de un año en España ganándose la vida con dibujos de cartas de marear y la venta de libros de estampas; probablemente habitaba en el Puerto de Santa María, en casa de su protector el Duque de Medinaceli.
Paréceme que esta última circunstancia resulta probada por una carta del Duque de Medinaceli, fechada el 19 de Marzo de 1493, en la que reclama de la corte algún privilegio de comercio, «por ser el primero que dió á conocer al Gobierno español este Colomo (El Duque transforma el apellido Colón casi en el de uno de los hombres más influyentes en aquella época, Juan de Coloma) (Códice diplomático Colombo-Americano, página 55) que ha hallado tan grande cosa». En 20 de Enero de 1486 encontramos ya al Almirante al servicio de los Reyes Católicos. (Navarrete, t. I, pág. XLII, t. II, Documentos dipl., núm. 14, pág. 20.)
En cuanto á los estudios, parece que Colón los continuó celosamente, viviendo en intimidad durante su permanencia en España con algunos religiosos muy instruídos como el franciscano Juan Pérez, guardián del convento de la Rábida, cerca de Palos, convento en el que Colón pidió un pedazo de pan para su hijo, durante la para él triste época en que, al exponer sus proyectos, se le respondía que todo era un poco de aire. Consultó también al padre dominico Diego Deza, profesor de Teología de la Universidad de Salamanca, que tenía á su cargo la educación del infante D. Juan, y fué después arzobispo de Sevilla; y finalmente, al cartujo Fr. Gaspar Gorricio, que trabajó con el Almirante en el libro de las Profecías. (Manipulus de auctoritaribus, dictis ac sententiis et prophetiis circa materiam recuperandæ Sanctæ Civitatis et montis Dei Sion; ad Ferd. et Helisab. reges nostros).
Estos religiosos ayudaron á Colón á aplicar las citas de los profetas á su empresa del descubrimiento del Nuevo Mundo. Colón dice, al principio de la relación de su tercer viaje, que cuando todos se burlaban de él, sólo dos frailes fueron constantes amigos suyos. Las Casas en su Historia cree que el Almirante alude á Diego de Deza y á Fr. Antonio de Marchena, que acaso sea el guardián del convento de la Rábida Juan Pérez. El Almirante debió nombrar también al médico García Hernández (de Palos), que asistió á las primeras conferencias de la Rábida, y que, como testigo en el pleito con el fiscal del Rey, prestó tan señalados servicios á D. Diego Colón y á sus herederos. (Navarrete, t. III; Colección dipl., páginas 561, 596 y 604.)