Note 275 — XIII.
Luis Navarro y Calvo translation
Herrera no ha tenido para nada en cuenta las piezas del pleito que el fisco promovió contra D. Diego Colón, hijo del Almirante (déc. II, lib. I, cap. 7). Sólo las conocemos desde hace cuatro años por los extractos de Muñoz y de Navarrete (tomo III, páginas 559, 560 y 595). Entre las veinticuatro preguntas interrogatorias de la información fiscal, terminada en 1515, la once y doce refiérense á dicho libro ó escrito misterioso que permitió á Martín Alonso Pinzón «dar noticia á Colón de la existencia de tierras al Oeste». Este Pinzón es el mismo que mandaba la Pinta en el primer viaje y que murió pocas semanas después de su vuelta á España, mortificado porque la reina Isabel no quiso recibirle solo y antes que al Almirante en Barcelona. Arias Pérez, hijo de Martín Alonso Pinzón, acompañó á su padre á Roma para asuntos comerciales, y vió las escrituras que un bibliotecario «gran cosmógrafo» les enseñó y cuya vista tan viva impresión dejó en el ánimo de su padre que, desde su vuelta á Palos, sin conocer aún los proyectos de Colón, «resolvió armar dos carabelas para descubrir las cosas que vió en Roma en el mapamundo. El fiscal añade á este cargo un cuento verdaderamente fabuloso, cual es, que Martín Alonso Pinzón comunicó á Colón una fórmula atribuida al rey Salomón, y que consistía en la indicación del camino á la tierra de Campanso, la cual decía así: «Navegarás por el mar Mediterráneo hasta el fin Despaña, é allí al poniente del sol, entre el norte é el medio día por vía temperada fasta 95 grados del camino, é fallarás una tierra de Campanso, la cual es tan fértil y abundosa, é con su grandeza sojuzgarás á África é á Uropa.» No entiendo lo que quiere decir ese «camino de 95 grados», que sin duda no son grados de longitud, ni ese Ophir del Occidente llamado Campanso (Cipango?); pero creo muy probable que la anécdota del bibliotecario cosmógrafo sea en el fondo verdadera. Natural es que se apresuraran á mostrar á un marino tan grande é intrépido como Alonso Pinzón algunas cartas ó mapamundi que los bibliotecarios de Italia poseían entonces en gran número. La vista de la isla de Brazir en un mapa de Picigano (1367), ó de la Antilia, de Andrés Bianco (1436), podía muy bien excitar la imaginación del marino español. No fué ciertamente él quien ocasionó la expedición de Colón, que mucho antes de su correspondencia con Toscanelli, el año de 1474, cuando vivía en Portugal, alimentaba ya el proyecto de ir á la India por Occidente; pero la relación de lo que Alonso pretendía haber sabido en Roma, pudo muy bien influir para que el Almirante se relacionara con esta familia rica y poderosa de los Pinzones, que facilitó la primera empresa. Arias Pérez Pinzón heredó, al parecer, el odio que su padre Alonso había concebido contra el Almirante á la vuelta del primer viaje, y amplificaría sin duda el relato, pretendiendo (para perjudicar los intereses de don Diego Colón) que el célebre marino de Palos hubiera podido hacer el descubrimiento del Nuevo Mundo sin más que los indicios que el manuscrito de Roma le había proporcionado.