Note 241 — XI.
Luis Navarro y Calvo translation
Barros (déc. I, lib. III, cap. 11) llama á Colón «eloquente e bon latino, o qual decia que venha de l’isla Cypango e trazia muito ouro». En la Vida del Almirante, publicada por su hijo (cap. 40), háblase largamente de la visita que hizo á la Corte en el palacio de Valdeparaíso, cerca de Lisboa, y en el Diario de la primera navegación, conservado por Las Casas, se menciona la vuelta de la India y los Indios que mostraba. Muñoz se inclina á creer (lib. IV, § 12), que el Almirante citaba engañosamente á Zipangu, para desvanecer toda sospecha de que venía de una tierra comprendida en la capitulación ajustada entre Portugal y España, por ejemplo de las costas de África, ó, como se decía entonces, de la Mina de Portugal y de Guinea. Pero examinando atentamente el Diario de Colón y los escritos de su hijo, comprendo que el supuesto engaño era íntima persuasión. Comprometido el Almirante á decir dónde había estado, optaba por la isla de Zipangu (Cipango), que le había dado á conocer el itinerario proyectado por Toscanelli en 1574 y que preocupaba tanto su imaginación, que cinco días antes del descubrimiento de Guanahaní declaró á Martín Alonso Pinzón deseaba más ir primero á tierra firme (al Asia) y después á las islas, entre las cuales se encontraba Cipango (Navarrete, t. I, pág. 17).
El hijo de Colón (cap. 20) dice positivamente «que su padre esperaba ver tierra á 750 leguas al Oeste de Canarias; y que hubiera hallado la Española, llamada entonces Cipango, de no saber que se decía estar á lo largo de Tramontana á medio día, y por eso quedaba á la izquierda».
Después del descubrimiento de Guanahaní el 13 de Octubre, aun expresa Colón en su Diario el deseo «de topar á la isla de Cipango»; pero antes de llegar á ella, costea por el NO. la isla de Cuba, cree que es un continente y que se encuentra á más de cien leguas de distancia de las grandes ciudades del Cathay (Zaitum y Quinsai), que por las narraciones de Marco Polo le había ponderado Toscanelli. «Y es cierto, dice el Almirante, questa es la tierra firme, y que estoy ante Zayto y Guinsay»; Diario, 1.º de Noviembre de 1492.
Posteriormente, según veremos en una carta al contador Santángel (á bordo de la carabela, cerca de las islas Canarias, el 15 de Febrero de 1493), llama de nuevo á Cuba una isla, pero extraordinariamente atento á la analogía de las denominaciones geográficas, consigna con interés en su Diario que el Rey de la Española, llamada por los indígenas la isla Bohio, aseguraba que muy cerca de allí, en Cipango, á que ellos llamaban Civao (era una comarca de la Española que aun se llama así), había mucho oro. Una semejanza accidental de sonido favoreció, pues, tal idea en la viva imaginación del Almirante.
El secretario del Senado de Bruselas, Wytfliet, en una Geografía americana aneja á la edición de la Geografía de Ptolomeo de 1597, nos recuerda que los habitantes (caribes) de Matitina tenían en su isla montañas llamadas Cipangi y que por analogía designaban con el mismo nombre los países montañosos de la Hispaniola (Descriptionis Ptolemaicæ argumentum sive occidentis notitia, studio Cornelli Wytfliet. Lovaina, 1597, páginas 146 y 166).
Como complemento de las opiniones sistemáticas que guiaban á Colón, observaré al terminar esta nota que, según su hijo (capítulos 7 y 29), tomaba las Azores por la Atlántida, las islas de Cabo Verde por las Gorgonas, y el Este de la India, á cuarenta días de navegación, por las Hespérides.