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Cristóbal Colón y el descubrimiento de América, Tomo 1

Note 9 — I.

Luis Navarro y Calvo translation

Poco antes, sin embargo, en la misma carta á sus Soberanos explícase Colón con la mayor ingenuidad acerca de su propia erudición, cuya importancia, al parecer, desconoce. «De muy pequeña edad entre en la mar navegando, é lo he continuado fasta hoy. La mesma arte inclina á quien le prosigue á desear de saber los secretos deste mundo. Ya pasan de cuarenta años que yo voy en este uso. Todo lo que fasta hoy se navega, todo lo he andado. Trato y conversación he tenido con gente sabia, eclesiásticos é seglares, latinos y griegos, judios y moros, y con otros muchos de otras setas.

»A este mi deseo (conocer los secretos de este mundo) fallé á Nuestro Señor muy propicio, y hobe dél para ello espirito de inteligencia. En la marinería me fizo abondoso; de astrología me dió lo que abastaba, y así de geometría y arismética; y engenio en el ánima y manos para debujar esferas y en ellas las cibdades, rios y montañas, islas y puertos, todo en su propio sitio.

»En este tiempo (en su juventud) he yo visto y puesto estudio en ver de todas escrituras, cosmografía, historias, corónicas y filosofía, y de otras artes ansí que me abrió Nuestro Señor el entendimiento con mano palpable, á que era hacedero navegar de aquí á las Indias, y me abrió la voluntad para la ejecucion dello; y con este fuego vine á V. A. Todos aquellos que supieron de mi impresa con risa la negaron burlando: todas las ciencias de que dije arriba no me aprovecharon ni las antoridades de ellas: en solo V. A. quedó la fe y constancia, ¿quién dubda que esta lumbre que fué del Espíritu Santo, así como de mí, el cual con rayos de claridad maravillosos consoló con su santa y sacra Escritura á Vos muy alta y clara con cuarenta y cuatro libros del viejo Testamento, y cuatro evangelios con veinte é tres epístolas de aquellos bienaventurados Apóstoles, avivándome que yo prosiguiese, y de contino, sin cesar un momento me avivan con gran priesa?» Fol. IV de las Profecías. Leyendo estas líneas llenas de candorosa ingenuidad, se comprende la dificultad de traducir con la energía propia de la antigua lengua castellana los escritos de un hombre que con excesiva modestia se llama á sí mismo: lego marinero, non doto en letras y hombre mundanal.

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