Note 465 — RECUERDOS Y BELLEZAS DE ESPAÑA. SEVILLA, CÓRDOBA, CÁDIZ. (continued 7)
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S. Martin de Soure, cautivado en Portugal, murió entonces (año 1147) en una mazmorra de Córdoba, donde estaba con otros varios cautivos. Los mozárabes le enterraron en la basílica de Sta. María. Esta basílica cree Gomez Bravo fuese la que hoy se conserva junto á la Corredera con el nombre de Nuestra Señora del Socorro; y añade «que se mantendria á espensas de los cautivos cristianos.» No vemos la razon por qué habian de mantener los cautivos esta iglesia habiendo en la ciudad cristianos libres que podian hacerlo; pues á pesar de la gran persecucion tenian en los años posteriores, como acabamos de demostrar, otras basílicas para el culto, alcaldes nombrados por el rey castellano, y libertad suficiente para consagrarles honrosas lápidas conmemoraticias.
Sirva esta nota de ilustracion complementaria á la que estendimos al pié de la página 209, de la cual pudieran algunos colegir que con la persecucion del año 1125 no habia quedado en pié mas basílica que la de Sta. María.
Esta basílica, dice Al-Makkarí (t. I, lib. III, cap. IV), era la principal de los cristianos, y á ella acudian peregrinos de lejanas tierras. El poeta árabe Ibn Shoheyd entró una noche en ella, vióla toda engalanada, llena de luces, cubierto el pavimento de ramas de mirto, en el momento de celebrarse en ella alguna solemne funcion, y salió escandalizado de las sagradas ceremonias de que habia sido testigo. Cuáles fueran estas no podemos decirlo, porque su narracion parece referirse al Santo Sacrificio, y al mismo tiempo habla de una funcion nocturna. «Estaban, dice, revestidos los sacerdotes con ricas vestiduras de seda, de varios y alegres colores, y adelantábanse á adorar á Jesus; y si se encaminaban hácia la marmórea fuente, era solo para sacar agua de ella en el hueco de la mano. Levantóse luego uno de ellos y se colocó en medio, y tomando el cáliz se dispuso á consagrar el vino; aplicó al licor sus ardientes labios, rojos como los de una doncella, y su fragancia le cautivó el sentido; pero cuando libó la deliciosa copa, su dulzura y suavidad le sumergieron en un profundo arrobamiento.»