Note 433 — RECUERDOS Y BELLEZAS DE ESPAÑA. SEVILLA, CÓRDOBA, CÁDIZ. (continued 7)
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Acerca del sitio que ocupaba este insigne monasterio nada se sabe de positivo. Hay tradicion de que estuvo en el mismo lugar donde floreció despues otro famoso santuario, titulado de Sta. María de las Huertas, que existia en pié cuando la ciudad fué conquistada por S. Fernando en 1236, y que adquirió tierras en el ruedo ó repartimiento hecho por este rey, segun puede verse en Gomez Bravo, Catálogo de los obispos, etc., al año 1250. No todos los que han escrito de antigüedades cordobesas se acomodan con esta tradicion. Morales, Gomez Bravo y otros la sostienen; D. Bartolomé Sanchez Feria en su Palestra Sagrada (nota 2 al dia 7 de junio) la impugna; y despues de esplicar la inteligencia que debe darse al breve texto de S. Eulogio que sirve á aquellos de fundamento: in vico Cuteclara non longe ab urbe in parte occidentali enitescit: concluye que Cuteclara estuvo donde hoy Córdoba la vieja. Esta conclusion de Sanchez Feria es errónea, porque, como mas adelante veremos en el capítulo sobre Medina Az-zahra, ni Córdoba la vieja está al occidente de Córdoba, ni hubo jamás en ese terreno otras construcciones que las de aquel famoso palacio árabe cuyas ruinas se ven todavía. D. Pedro de Cárdenas y Angulo (Vida del ermitaño Francisco de Sta. Ana), describiendo el sitio de la Albayda, dice: Aquí fué el antiguo convento de Sta. María de Cuteclara. Tambien esta aseveracion es equivocada: en primer lugar la Albayda está al norte de la ciudad, no al occidente, como era menester que estuviese para dejar ileso el texto de S. Eulogio; en segundo lugar, en la Albayda no se han descubierto jamás rastros de edificacion que puedan suponerse de aquella fecha. Allí no hay mas edificio que un castillo, hoy propiedad del conde de Hornachuelos, cuya construccion es moderna comparativamente á la época de que se trata, aunque en él se descubran cimientos y muros del tiempo de los árabes.
A falta, pues, de mas sólidas razones con que destruir la piadosa tradicion, séanos dado seguirla.
El santuario de las Huertas y la imágen que en él se veneraba eran objeto de una muy asídua y particular devocion de parte de los cordobeses al tiempo de la reconquista, y de este culto hay abundantes memorias en los siglos siguientes, así en mandas de testamentos, como en procesiones y plegarias motivadas por varias necesidades públicas. De uno de estos instrumentos, que es la disposicion testamentaria del dean D. Ruy Perez otorgada en 1391, se colige que el santuario de la Vírgen de las Huertas, sin mudar su título, se habia convertido ya en beaterio y clausura de mujeres devotas, que llamaban emparedadas; y así se le nombra constantemente en otros testamentos posteriores. Luego vemos establecida en este santuario una cofradía con el título de Nuestra Señora de Roque-Amador ó Rocamador, fundada en época incierta. Ultimamente, en 1510, por donacion hecha á los religiosos de S. Francisco de Paula ó de la Victoria, de esta santa casa con todas sus pertenencias, la cofradía de Rocamador se trasladó al hospital de S. Hipólito, dentro de la ciudad, hoy ermita de Nuestra Señora de la Alegría; las emparedadas pasaron tambien á otra casa, y la iglesia del antiguo santuario se conservó unida á modo de capilla al nuevo templo que los religiosos de la Victoria levantaron. Tienen este templo y convento de Mínimos, ya desierto, su situacion extramuros de la ciudad, cerca de la puerta Gallegos y Almodovar, y en la escritura de donacion á que debió su existencia se lée la condicion de que habia de titularse Monasterium Sanctæ Mariæ de Victoria de hortis, para que se perpetuase la memoria de santuario tan antiguo. Así pues, segun la piadosa tradicion, la iglesia del antiguo y célebre monasterio cuteclarense habia estado donde estaba ahora la del nuevo convento.
Hasta la entrada de los franceses en el presente siglo subsistió al lado del altar de S. Francisco de Paula, donde se habia colocado tambien la antigua imágen de Nuestra Señora, una tabla que á la letra decia así: «Por la mucha humedad y oscuridad de la capilla que está á espaldas de esta obra, y por el poco culto y escasa decencia con que en ella se servian el depósito del Santísimo Sacramento y las sagradas imágenes de Nuestra Señora de las Huertas ó de Cuteclara, y de nuestro glorioso padre S. Francisco de Paula, se sacaron y colocaron en este retablo y altar, que se les construyó el año de 1715.» Al cerrarse esta iglesia al culto con la supresion de los regulares, la imágen de Nuestra Señora fué llevada á la colegial de S. Hipólito y puesta en el altar de Jesus Crucificado.—Nosotros hemos tenido ocasion de contemplarla de cerca y detenidamente en la sacristía del referido templo, donde se hallaba no sabemos por qué motivo; y observamos en ella algunas de las incorrecciones que caracterizan las obras de escultura de los mas remotos siglos de la edad media. Estremos grandes y desproporcionados, formas cuadradas y sin esbeltez, miembros cortos y abultados que hacen aparecer las figuras enanas, pliegues en cuya disposicion se advierten reminiscencias del clásico antiguo, y por lo tanto mucho mas correctos que los de la escultura de los siglos X, XI y XII, puramente convencionales y bárbaros: todas estas son facciones propias de una creacion goda, y confirman hasta cierto punto la tradicion de ser aquella imágen la misma que veneraron los santos mártires del monasterio cuteclarense. Es de piedra, está sentada con el niño Jesus en el regazo, en el cual por cierto se halla el divino infante como hundido; y parece escusado añadir que ambas figuras han sido repetidamente acariciadas en estos últimos siglos por las brochas de los pintadores.