Note 345 — GUAYANILLA.
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Nuestros indígenas se encontraban en el período social de la piedra pulimentada, ó hablando con más propiedad paleontológica en el período neolítico de la edad de la piedra. El instrumento cuneiforme característico de esa época es el hacha, que poseían en abundancia nuestros aborígenes. El boriqueño había abandonado la gruta y construido la choza; de cazador y pescador errabundo había pasado á agricultor; en la industria de vasos, además del mortero de sílex para triturar el grano, trabajaba la arcilla y hacía recipientes para la cocción de sus viandas; en escultura, había iniciado el grabado, y había avanzado á la ornamentación de gruta, de la cual se conservan muestras en algunas cuevas; y cincelaba sus collares y aprestos guerreros sin tener la pasión por la escultura decorativa sobre madera, tan desarrollada entre los Papúas de la Nueva Guinea, ni el gusto artístico del modelaje cerámico que tenían los indios mexicanos y peruanos; no tenían sepulturas, ni túmulos, de los cuales el dolmen constituye la última palabra en esa edad; de manera que podemos considerar, que nuestro indígena no había llegado en su civilización al último cuarto del período neolítico.—Ahora bien, encontrándose en este estado de rudimentaria sociedad nuestros aborígenes, los signos que ellos grabaron en sus esculturas humanas ó antroglifitas no pueden considerarse, en lingüística, más que como el albor de la escritura, y nada más.—Para que la idea pueda comunicarse de un individuo á otro, para que un sonido, un gesto, un signo visible pueda recordarle á otro el mismo pensamiento, es necesario desde luego una representación figurada tan perfecta como sea posible, y después, más tarde, una convención recíproca. El primer lenguaje convencional ha debido ser un gesto acompañado de un grito proporcionado al lugar, á la hora, á la distancia; la primera trasmisión, no inmediata, de un pensamiento ha debido ser una fogata en un punto determinado, una marca en una roca, un montón de pedruscos, la cortadura de un árbol ó un árbol caído, etc. A este género de escritura primitiva corresponden los quipos peruanos. Después apareció la escritura ideográfica, más precisa, más analítica, menos abstracta, menos general; y de ésta, como consecuencia natural, directa y lógica, la escritura alfabética. Nuestros aborígenes tenían, pues, que pasar por la escritura jeroglífica antes de llegar á la alfabética; de lo cual estaban muy lejos. Hemos oído la versión de que hay en el país quien tiene el alfabeto del lenguaje indo-antillano, y esto no es más que una ilusión. Los signos grabados en las esculturas de nuestros indígenas tienen un valor igual al de los salvajes de la edad de la piedra de otros países, y por eso consideramos esos signos como el alborear de una escritura, que tiene que llegar á ser ideográfica y por fin alfabética.