Note 287 — CARIB.
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Hemos dicho en una Nota anterior, que al negar el señor Armas la antropofagia en los Caribes había ido contra los Cronistas y la lógica de los hechos. La Mitología y la Historia nos la presentan en los pueblos primitivos. Saturno, Tántalo, Thyeste, y Lycaón son, en la fábula mitológica, antropófagos como los Lestrigones y los Ciclopes. Y la Historia nos dice, que fueron caníbales, los Scitas, Germanos, Celtas, Fenicios, Tártaros y Etíopes. La esclavitud, que hemos sostenido hasta ayer en nuestros ingenios con los pobres negros, era un canibalismo moral; pues bien, si nosotros hemos creído legal apropiarnos á nuestra satisfacción el beneficio del trabajo del esclavo, el salvaje, el caribe, creía ejercitar un derecho natural disponer de su prisionero, de su conquista, de su propiedad. A la vez, aguijoneado por el hambre en las islas pequeñas, sin rebaños ni animales, y escaso de vegetales, disponía como vencedor del fruto de su victoria, y no sólo celebraba su triunfo comiéndose, en ceremonia religiosa, algunos de sus prisioneros, sino que, como conocedor de la carestía de víveres en sus posesiones, guardaba los garzones para las épocas en que el hambre azotara sus comarcas. La vida del caribe, en la lucha por la existencia, se reducía á esta frase: matar ó ser matado; comer ó ser comido.—Los mexicanos habían reducido ya la antropofagia á festividad religiosa, era una atenuante del proceder caribe y un paso tardo á su desaparición, ya iniciada y acentuada en el Perú. Aquella infeliz víctima, tendida en el ara porfidiana y á la cual el cruento victimario, con silíceo cuchillo de obsidiana arrancaba el corazón, para llevarlo sangriento y humeante, á los labios del ídolo, esperando del terrible dios auspicios favorables, ¡cuánta similitud con el sacrificio de Ifigenia, la hija de Agamenón y de Clitemnesta, ante el altar de Diana en Aulide, para obtener del tremendo é irascible oráculo favorables auspicios en pro del jefe de los ejércitos griegos en la guerra de Troya! Sacrificio por sacrificio, entrambos obedecían á fanatismo religioso; pero eran, sin duda, el reflejo y la reminiscencia de tiempos antropofágios muy posteriores, y los últimos arranques instintivos de una época sanguinaria.